Los audímetros han vuelto a dictar sentencia sobre el comportamiento de los espectadores durante la jornada del sábado 27 de junio, dejando un panorama desolador para los despachos de Fuencarral. El arranque del nuevo magacín de la cadena de Mediaset, El show de Paz, comandado por Paz Padilla, ha aterrizado en la parrilla televisiva con unos índices de seguimiento alarmantes, situándose incluso por debajo del ya mermado promedio mensual de la cadena. Mientras tanto, el concurso musical de Antena 3, La Voz Kids (11,8%), logró retener la primera posición del horario estelar, a pesar de experimentar una evidente fuga de espectadores y una pérdida de competitividad en comparación con sus anteriores galas. El gran triunfador de la jornada, no obstante, ha sido el ámbito deportivo de la corporación pública, que monopolizó la atención de la audiencia gracias a las retransmisiones del Mundial de fútbol.
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El torneo mundialista se ha convertido en el verdadero motor de RTVE, logrando registrar datos de audiencia estratosféricos que alteraron por completo el consumo habitual del fin de semana. La expectación por el combinado nacional no conoció horarios, extendiendo su dominio hasta altas horas de la noche. El encuentro disputado entre las escuadras de España y Uruguay en la madrugada del sábado, reventó los contadores en la franja alcanzando una espectacular cuota de pantalla que rozó el 70% de share, un resultado histórico que deja sin opciones al resto de competidores y confirma el apetito del público por los eventos deportivos de máxima categoría y por los partidos de la roja.
En el horario de máxima audiencia, la apuesta cinematográfica de la cadena pública con la emisión de la oscarizada película Erin Brockovich se alzó de forma holgada como segunda opción de la noche, registrando un notable 9.6% de cuota de pantalla y reuniendo frente al televisor a una media de 761.000 fieles. Esta solvente propuesta dejó en evidencia la incapacidad de Telecinco para armar una alternativa sólida en una noche condicionada por el cuero.
Telecinco toca fondo en su crisis de fin de semana
La cruz de la moneda volvió a recaer de forma dramática sobre Telecinco, que atraviesa uno de sus momentos más críticos sin dar muestras de reflotar ni con sus apuestas recién estrenadas ni con sus formatos diarios recolocados. El debut de la humorista gaditana con El show de Paz firmó un preocupante 7.8% de share, una cifra raquítica que incluso es superada por el programa Fiesta (8,6%). La falta de enganche de esta nueva propuesta constata el rechazo de la audiencia hacia las fórmulas que la dirección intenta imponer sin éxito en su parrilla televisiva que unido al declive flagrante de sus programas habituales, propiciaron ayer que la cadena se acercase estrepitósamente a su mínimo de audiencia histórico diario.
La sangría de la cadena principal de Mediaset no terminó ahí. El formato de encuentros y testimonios Hay una cosa que te quiero decir, conducido por Jorge Javier Vázquez, volvió a certificar su fracaso absoluto en la noche del sábado. El espacio apenas fue capaz de congregar a un famélico 8.3% de cuota de pantalla, seduciendo a tan solo 534.000 espectadores, lo que supuso una severa derrota frente al cine de la competencia y evidencia el desgaste definitivo de una marca que ya no genera el interés del pasado.
Sorpasso cultural en la batalla de las secundarias
La jornada televisiva deparó asimismo un llamativo duelo en la parte baja de los audímetros, donde las cadenas secundarias dirimieron su particular batalla por el espectador alternativo. La gran sorpresa de la noche la protagonizó la segunda cadena estatal, La 2, gracias al rendimiento de la versión nocturna del espacio Malas Lenguas. El programa cultural plantó cara con firmeza y logró imponerse en su franja de emisión al registrar un meritorio 5.1% de share, superando las propuestas informativas de la competencia directa.
El damnificado de este movimiento fue el espacio de debate político La Sexta Xplica, emitido por la cadena de Atresmedia. El programa de actualidad no pasó de un escueto 4.8% de cuota de pantalla, viéndose relegado frente a la propuesta de la televisión pública.
Este declive generalizado de las ofertas convencionales demuestra que, ante un fin de semana dominado por la euforia deportiva de La Roja, el reto de Telecinco por conseguir unas audiencias medianamente decentes se queda en papel mojado, dejando a la cadena de Fuencarral con una imagen muy definida donde el desprecio del público hacia sus formatos empieza a ser la norma.
