Hay pocas cosas más elocuentes en la televisión de hoy que ver a Telecinco proclamar que Sálvame «está muerto y enterrado» mientras coloca en su plató, uno detrás de otro, a casi todos los rostros que hicieron grande aquel programa. La cadena de Mediaset estrena este lunes ¡De lunes a viernes!, un magacín vespertino de crónica social que asegura no tener nada que ver con el fenómeno que dominó las tardes durante catorce años y que, sin embargo, se presenta con Lydia lozano, Terelu Campos, Karmele Marchante, Rosa Benito o Antonio Rossi sentados en el sofá. El entierro, en fin, se celebra con los mismos invitados de siempre. Y se celebra, además, en el peor momento de la historia de la cadena.
Te recomendamos

Opinión: El rigor periodístico frente al parasitismo digital: La confirmación de la exclusiva de Telecinco desmonta las falacias de la piratería informativa en YouTube

Opinión: La obsesión de Alba Carrillo con Feliciano López: del dardo televisivo al señalamiento impune

Editorial: Prepotencia frente al periodismo libre: El límite inquebrantable de este medio a pesar de Alba Carrillo

Opinión: Lágrimas de pago y silencios impuestos: El indecoroso show de Samantha Vallejo-Nágera con su hijo en ‘prime time’
Un funeral con los invitados de siempre
La frase, recogida por El Confidencial, resume a la perfección el ejercicio de cinismo televisivo al que asistimos. ¡De lunes a viernes!, presentado por Bea Archidona y Santi Acosta, se estrena este lunes 6 de julio a las 18:15, justo después de El verano se mueve, con La promesa de ofrecer una crónica rosa renovada y alejada de los excesos del pasado. Basta repasar la foto de familia para que la promesa se desmorone: junto a los presentadores posan Lydia Lozano, Karmele Marchante, Rosa Benito, Terelu Campos, Ángela Portero, Antonio Rossi, José Antonio León, Sebastián Gallego o Laura Matamoros, además de rostros de realities como Claudia Chacón o María Jesús Ruiz. Es decir, el mismo santoral que durante años pobló los sofás de Sálvame.
Que un formato se apoye en colaboradores veteranos no tiene, en sí mismo, nada de reprochable; el problema es la impostura. Telecinco lleva desde 2023, cuando fulminó Sálvame en plena operación de lavado de imagen, tratando de convencer al espectador de que había pasado página. Y ahora regresa al mismo pozo del que dijo salir, pero fingiendo que el agua es distinta. Al público, que no es tonto, no se le puede vender un producto jurando que es exactamente lo contrario de lo que evidentemente es. La crónica social puede ser un género digno y rentable, pero no si se construye sobre una mentira de partida.
Santi Acosta predica una moral que su propio plató desmiente
El gran valedor de esta supuesta regeneración es Santi Acosta, que presentará ¡De lunes a viernes! junto a Beatriz Archidona igual que ya conduce ¡De Viernes!, el programa que en 2024 heredó el hueco del Sálvame Deluxe. Acosta ha hecho de la distancia con Sálvame su bandera. «Esa televisión ya no existe», le espetó el pasado 20 de junio a Raquel Bollo cuando la sevillana recordaba, en su propio plató, la revictimización que sufrió durante años, una tortura mediática por la que La Fábrica de la Tele, hoy La Osa Producciones, tuvo que indemnizarla con 160.000 euros por informaciones que «carecían de veracidad». «Yo me siento feliz armando un corazón que respeta a las personas», llegó a proclamar. El problema es que su propio programa desmiente el sermón semana tras semana.
Porque en ese mismo ¡De Viernes! que presume de respeto se sentó Carlo Costanzia padre para cargar contra Mar Flores, en una entrevista que provocó un aluvión de críticas por dar altavoz a un relato en torno a presuntas denuncias de malos tratos sin apenas contraste, por no mencionar los calificativos con los que «el capo» se refirió a Mar Flores con rotonda incluida; hasta María Patiño, veterana del oficio, lo tachó de «gravísimo». En ese mismo plató, Carlos Corbacho exhibió supuestas pruebas de una cuenta de la madre de Isabel Pantoja en un banco de Gibraltar que resultaron ser falsas: la entidad, Turicum Private Bank, obligó al programa a leer en directo una rectificación que negaba la existencia de la cuenta, del saldo y del extracto mostrado en pantalla. ¿La guinda? Ese mismo Carlos Corbacho figura ahora como flamante colaborador de ¡De lunes a viernes!. Se entierra a Sálvame, pero se hereda intacta su afición por el titular sin verificar.
Y todo ello, conviene subrayarlo, sin que los números acompañen. ¡De Viernes! lleva meses varado en torno al 10% de cuota, cuando no por debajo, mientras Tu cara me suena, el formato de Antena 3 que le planta cara esa noche, ronda de manera sistemática el 19% o el 20% y le dobla la audiencia sin despeinarse. Un presentador que no levanta su franja, que sermonea sobre la buena televisión y que, al mismo tiempo, valida en directo bulos y entrevistas señaladas por medio sector: ese es el rostro que ha elegido Telecinco para vender su enésima refundación.
Tres años de refundación fallida
Conviene recordar cómo llegamos hasta aquí. En junio de 2023, tras casi catorce años en antena, Mediaset finiquitó Sálvame dentro de una ambiciosa operación para blanquear su imagen y seducir a nuevos anunciantes. Desde entonces, la sobremesa y la tarde de Telecinco se han convertido en un laboratorio de ensayo y error donde ningún experimento ha cuajado: magacines que nacían y morían en cuestión de semanas, presentadores que entraban y salían por la puerta giratoria y una audiencia que, decepción tras decepción, fue emigrando a la competencia sin billete de vuelta. Tres años después, el balance de aquella refundación es demoledor, y la propia cadena parece haberlo admitido de forma tácita al rescatar el molde que dijo destruir.
Una audiencia en caída libre
El paripé no tendría mayor recorrido si no fuera porque llega envuelto en la crisis más profunda que ha vivido Mediaset en tres décadas. El pasado 2 de julio, Telecinco firmó el peor dato diario de sus 36 años de historia, un paupérrimo 6% de cuota que la hundió hasta la cuarta posición, por detrás incluso del conjunto de las autonómicas de la FORTA. En el acumulado del mes se mueve en un raquítico 6,8%, a años luz del liderazgo de La 1 y lejos de una Antena 3 que la dobla en las tardes con Sueños de Libertad. Sus informativos estelares, antaño referencia informativa del país, se despeñaron ese mismo día hasta un sonrojante 2,4%. Es cierto que el Mundial de fútbol, que arrasa en La 1, ha exagerado el desplome de las privadas esas noches; pero sería tramposo escudarse solo en el balón, porque la sangría viene de lejos y el fútbol se ha limitado a dejar sus vergüenzas al descubierto. No son cifras de una cadena en horas bajas: son cifras de una cadena en caída libre.
El cementerio de las últimas apuestas
Y ahí está, quizá, la raíz del problema: no hay un solo proyecto que funcione. El verano de Telecinco es ya un cementerio de estrenos fallidos. Empezó con El show de Paz, el regreso de Paz Padilla producido por Secuoya Studios que la humorista vendió con un rotundo «vuelvo para quedarme» y que se estrelló en su estreno con un mísero 7,8%, muy por debajo de la media de la cadena y ya en la rampa de salida hacia el cajón de los fracasos. Siguió Amor… ¡o lo que surja!, el dating de Carlos Lozano, que debutó con un 6,8% y se quedó cuarto en su franja, arrollado por Sueños de libertad, por La 1 y hasta por Cuatro, para desplomarse después hasta rondar el 5%.
Y llegó El verano se mueve, el magacín de Ion Aramendi y Kike Quintana llamado a sustituir a El Tiempo Justo de Joaquín Prat, que prometía aire fresco y se quedó en un estreno «falto de ideas y de rostros», según la crítica especializada, antes de instalarse en cifras igual de anémicas, alrededor del 5,8%. Tres apuestas, tres batacazos. Y sobre ese solar de escombros, Mediaset decide levantar ¡De lunes a viernes! con la vieja receta de Sálvame, eso sí, negando la mayor. Es la crónica de una cadena que no sabe si quiere abrazar su pasado o huir de él y que, en la duda, no hace ni lo uno ni lo otro.
Ni luto ni resurrección
Porque ese es, a la postre, el diagnóstico más incómodo para Telecinco: la absoluta falta de rumbo. Una cadena que fulmina su gallina de los huevos de oro para blanquearse, que fracasa con cada alternativa que ensaya y que, acorralada por los números, termina resucitando a sus muertos jurando que están bien enterrados. El espectador, mientras tanto, asiste perplejo a un culebrón de estrategia sin guionista. No es que Sálvame haya muerto: es que Telecinco no ha encontrado nada con lo que reemplazarlo, y su verano lo confirma cada tarde. Quizá el problema nunca fueron Lydia Lozano ni Rosa Benito, sino la ausencia de un proyecto de televisión que merezca ese nombre. Enterrar a Sálvame era legítimo. Lo que no se puede es enterrarlo y, al mismo tiempo, vivir de exhumarlo cada tarde. Rectificar, dicen, es de sabios; en Telecinco aún no se han enterado de que el primer paso es dejar de mentirse a sí misma.
