Seis años sin bailar. Ese es el dato que lo explica todo, y el que Rafael Amargo ha puesto encima de la mesa este martes al presentar su regreso a los escenarios. El bailaor granadino vuelve los días 27, 28 y 29 de julio con un espectáculo llamado ‘Alá! iré‘, en la terraza del Teatro Calderón de Madrid, el mismo teatro en el que empezó. Pero la reaparición ha traído una revelación que nadie esperaba y que ha acabado eclipsando al propio estreno: está estudiando Psicología en la universidad, ya ha aprobado todas las asignaturas del cuatrimestre, y tiene muy claro a qué quiere dedicarse cuando termine. A la salud mental de los artistas. De los suyos.
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«Cuando eres joven no estudias; con 50 años uno estudia de verdad»
La confesión llegó cuando le preguntaron a qué se ha dedicado durante todo este tiempo de silencio. «Este cuatrimestre las asignaturas que tenía las he aprobado todas. En la evaluación continua, no tengo ni que llegar. Ahora los exámenes son para nota, pero ya he aprobado», explicó ante los micrófonos, con un punto de orgullo difícil de disimular. Cursa la carrera en la Universidad de La Rioja y lo cuenta como quien ha encontrado un refugio inesperado: «Cuando eres joven no estudias y con 50 años uno estudia de verdad, con ilusión, quieres hacerlo bien. Es maravillosa y me encanta la carrera».
Y no es un capricho ni una anécdota para rellenar entrevista. El bailaor tiene definida hasta la especialidad: quiere trabajar con artistas, un colectivo que conoce por dentro y en el que ha visto de todo. «Para, por ejemplo, las modelos con la bulimia, la anorexia, los niños con el bullying, los cantantes, los músicos, los bailarines, cuando tienen las crisis…», enumeró. Alguien que ha pasado por el ojo del huracán mediático apuntando precisamente a lo que ese huracán le hace a la cabeza de quien lo sufre. La elección de carrera, mirada así, tiene bastante menos de casualidad y bastante más de biografía.
«Brillar a este precio hubiera preferido no brillar»
El regreso, sin embargo, no lo afronta con la euforia de otras épocas. Lo afronta con miedo, y no le importa reconocerlo. «No sabemos si la gente va a querer venir o no. Yo creo que sí, porque la gente no es tonta, la gente quiere ver arte y llega un momento que todo se pasa, pero yo tengo también ese miedo, porque ya me ha pasado esto en la vida», admitió. Es la frase de alguien que sabe que su nombre arrastra un pasado del que no puede desprenderse: el escándalo que estalló en 2020, el proceso judicial posterior y una absolución que llegó tarde, cuando el daño profesional ya estaba hecho y varias puertas se le habían cerrado para siempre.
De ahí sale la reflexión más dura de toda su comparecencia, y también la más reveladora: «Ya no soy quien era. Ahora estoy prudente, estoy cauto, y en vez de brillar ya lo que quiero es bailar. Y brillar a este precio, hubiera preferido no brillar». Es un balance demoledor de su propia trayectoria, hecho en voz alta y sin autocompasión: el artista que persiguió el foco durante décadas concluye que el foco le salió caro. «La vuelta después de seis años sin bailar la vivo con muchísimo respeto y con prudencia», insistió, antes de recordar que estrena en el mismo Teatro Calderón donde arrancó su carrera, aunque esta vez inaugurando la terraza como compañía de flamenco.
La tentación de contarlo todo… y la decisión de no hacerlo
Hubo un momento, contó, en el que estuvo a punto de convertir su calvario en espectáculo. Tenía el montaje preparado y la tentación era enorme, porque el material estaba ahí y el público lo habría devorado. «Yo tenía dos opciones: hacer un espectáculo autobiográfico y contar todo el dolor, toda la historia que todo el mundo conoce mediáticamente. Pero luego, con todo preparado, he dicho que no. No voy a contar más, no es necesario, ya ha terminado, he salido ganando», relató. Renunciar a eso, en un ecosistema que premia justamente lo contrario —el desahogo, la lágrima, el ajuste de cuentas—, es una decisión que dice bastante de por dónde quiere ir ahora.

Así que el espectáculo va de otra cosa. «La versión que hago ahora es luz, alegría, renacimiento. Pasado pisado. Y venga, a bailar», resumió. Tres noches de julio en una terraza de la Gran Vía madrileña para comprobar si el público responde a un nombre que durante años llenó teatros y que después llenó titulares por motivos muy distintos. Él ya ha hecho su apuesta y ha dejado claro cuál es su nueva jerarquía de prioridades: primero bailar, luego los exámenes y, al fondo del plano, una consulta imaginaria donde algún día atender a los artistas que estén pasando por lo que él pasó. «Cuando uno era joven quería brillar, ser conocido. Ahora, si volviera atrás, no sé si lo querría».
