El exguardameta madrileño Iker Casillas ha llevado su batalla legal contra el Oporto F.C. y la compañía aseguradora Fidelidade a los tribunales portugueses para reclamar una indemnización millonaria. El mostoleño expuso ante la autoridad judicial de la ciudad del Duero que el ataque al corazón que padeció en mayo de 2019 se desencadenó por el esfuerzo de los entrenamientos del club luso y le ha dejado dolencias crónicas que condicionan por completo su actividad cotidiana.
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La comparecencia del antiguo capitán de la selección española en el Palacio de Justicia de Oporto sirvió para detallar la gravedad de su estado físico actual. El exdeportista relató que sus capacidades motrices se encuentran severamente mermadas para la práctica del ejercicio de alta intensidad, un cambio drástico respecto a su etapa previa en la élite del fútbol mundial. «Voy al gimnasio, juego al pádel, pero no puedo correr, solo consigo unos 20 o 50 metros. No puedo más», confesó de forma tajante el exfutbolista durante la sesión judicial celebrada en Portugal.
La declaración sirvió también para recordar el impacto psicológico que supuso la interrupción abrupta de su trayectoria deportiva en el Estadio do Dragão. El madrileño remarcó la desconexión que sintió con su propia identidad durante el largo periodo de convalecencia que afrontó en la localidad lusa. «Creo que pasaron siete meses hasta que recordé lo que era. Yo era un deportista», admitió el jugador ante el tribunal para justificar la petición de los 3,7 millones de euros en concepto de compensación económica por incapacidad laboral.
La defensa del club portugués y de la firma de seguros se apoya en desvincular el entrenamiento diario del colapso coronario sufrido por el deportista. Ambas corporaciones niegan de forma sistemática la existencia de una relación directa entre las órdenes del cuerpo técnico y la dolencia. La aseguradora aportó además datos sobre los desembolsos ya realizados al futbolista, afirmando que abonaron 1,5 millones de euros, que representa la cuantía máxima anual fijada por accidentes de trabajo en su póliza. El equipo del Duero, por su parte, alega que mantuvo el pago íntegro de las fichas salariales durante los meses en que el madrileño estuvo de baja médica.
El relato de la mañana que truncó su carrera
El proceso judicial, que permanece activo en los tribunales portugueses desde el año 2021, desglosó paso a paso la rutina del portero antes de sufrir el ataque cardíaco. El exjugador detalló que la jornada del 1 de mayo de 2019 comenzó sin aparentes anomalías en su rutina familiar junto a su entonces esposa, la presentadora de televisión Sara Carbonero. Tras llevar a sus hijos al centro escolar, el deportista desayunó y realizó una sesión de acondicionamiento físico en el gimnasio antes de trasladarse a las instalaciones deportivas de Olival para iniciar la sesión grupal sobre el césped.
El contratiempo de salud se manifestó de forma repentina cuando el grupo de futbolistas acumulaba aproximadamente media hora de ejercicios sobre el terreno de juego. El guardameta madrileño se vio obligado a interrumpir la actividad deportiva al notar una fuerte opresión en la zona torácica que le impedía mantenerse en pie. «No pude continuar entrenando y tuve que tumbarme», rememoró el exportero blanco al evocar el instante exacto en el que el cuerpo médico del club tuvo que intervenir de urgencia en el campo.
La asistencia médica inicial la lideró el jefe de los servicios médicos de la entidad, Nelson Pulga, quien ordenó el traslado inmediato del jugador hacia las dependencias interiores del complejo deportivo. La evacuación se realizó utilizando un vehículo auxiliar de las instalaciones hasta alcanzar el área de vestuarios, donde se coordinó la llegada de la ambulancia con destino a la unidad hospitalaria CUF de Oporto. «Tenía miedo, me costaba respirar», relató el protagonista sobre los minutos previos a su ingreso en el centro sanitario, donde se le practicó una intervención de urgencia para solucionar la obstrucción coronaria.
Hemeroteca de share y un conflicto estancado
El impacto mediático del suceso paralizó las escaletas de los principales programas de televisión en España y Portugal durante la primavera de 2019. Las principales cadenas nacionales alteraron su programación habitual para emitir boletines informativos de urgencia que registraron cuotas de pantalla históricas en la franja de mediodía. Las productoras del sector audiovisual estiraron el debate sobre la salud de los futbolistas de élite, generando picos de audiencia muy elevados en los magacines de crónica social y deportiva que analizaron la trayectoria del campeón del mundo de 2010.
Los informes médicos iniciales distribuidos por el departamento de prensa del club portugués indicaban que el guardameta se encontraba fuera de peligro y con una evolución favorable. El propio doctor Nelson Pulga realizó declaraciones públicas en la emisora Porto Canal donde vaticinaba una recuperación completa y sin la aparición de dolencias asociadas a largo plazo. Sin embargo, la realidad clínica posterior obligó al deportista a colgar los guantes de manera definitiva y a iniciar un tratamiento farmacológico diario destinado a evitar recaídas en su sistema cardiovascular.
La disputa legal se mantiene encallada en la judicatura lusa tras cinco años de recursos y aportaciones de informes periciales por ambas partes. El entorno del mostoleño insiste en que las secuelas físicas le impiden desarrollar cualquier actividad vinculada al sector del deporte profesional, lo que justifica la reclamación de la prima por incapacidad. Los directivos de la aseguradora Fidelidade rechazan ampliar las coberturas económicas al considerar que el caso quedó saldado con los pagos ejecutados en el primer año posterior al suceso en el campo de entrenamiento.
