Hay victorias que se cuentan en el marcador y otras que se miden en lágrimas. La de Portugal ante Croacia (2-1) en los octavos del Mundial pertenece a las segundas. Nada más sonar el pitido final en el estadio de Toronto, Cristiano Ronaldo dejó la imagen más conmovedora de la jornada: el capitán rompió a llorar, alzó la mirada al cielo y dedicó el triunfo a Diogo Jota, su amigo y compañero de selección, fallecido hace exactamente un año en un accidente de tráfico en una carretera de Zamora junto a su hermano, André Silva. Tenía solo 28 años.
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Un homenaje escrito en el dorsal 21

El gesto no fue improvisado. Al término del encuentro, el conjunto luso se reunió sobre el césped y Cristiano exhibió, primero, una camiseta de la selección portuguesa con el número 21, el que Jota lucía con su país. Después se la puso, en un movimiento sencillo pero de una carga simbólica enorme, y buscó el cielo con los ojos anegados. La escena, seguida por un estadio entregado, sirvió de colofón a una tarde en la que la memoria del delantero ya había estado presente: durante la interpretación del himno, su rostro se proyectó en las pantallas del recinto, arrancando un homenaje silencioso que puso el nudo en la garganta mucho antes de que rodara el balón.
«Lo único que tenía sentido hoy era ganar para rendirle homenaje»

Consumada la clasificación, el capitán encontró palabras a la altura de la emoción. «Está ahí arriba iluminándonos. Sabemos que está con nosotros y lo único que tenía sentido hoy era ganar para rendirle homenaje de la mejor manera posible», confesó. El futbolista, habitualmente parco en muestras de vulnerabilidad, se rindió a la coincidencia de las fechas: el triunfo llegaba el mismo día en que se cumplía el primer aniversario de la tragedia. «Es increíble cómo son las coincidencias de la vida. Este triunfo significa mucho para nosotros», añadió.
La herida de un vestuario que no olvida

Doce meses después, el vacío que dejó Diogo Jota sigue sin cicatrizar en el fútbol portugués. Aquel accidente, que se llevó por delante a dos hermanos en la flor de la vida, sacudió a un país entero y convirtió cada aparición del dorsal 21 en un acto de duelo colectivo. Que fuera precisamente Cristiano, el rostro más universal de esa selección, quien liderara el tributo dice mucho de un vestuario que ha decidido convertir el recuerdo en motor. Portugal ganó un partido, sí, pero sobre todo ganó la noche para quien ya no puede jugarla. Y lo hizo del único modo que, a veces, consuela: mirando al cielo y ganando por él.
