El mundo de la música llora la pérdida de Gino Paoli, fallecido este martes en Génova a los 91 años. El legendario cantautor, que puso banda sonora a la cultura europea con himnos como ‘Sapore di sale‘ e ‘Il cielo in una stanza‘, se marcha tras una vida de película marcada por su tormentoso romance con Ornella Vanoni y una bala que llevó alojada junto al corazón durante seis décadas.
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El último refugio del decano de la canción genovesa
La madrugada de este martes ha certificado el fundido a negro de una de las figuras más trascendentales de la lírica italiana. Gino Paoli ha fallecido en su Génova natal, apenas tres meses después de haber despedido a la que fuera su amante, musa y amiga de toda la vida, Ornella Vanoni. El destino ha querido que el artista no pudiera mantenerse alejado de ella por mucho tiempo, cerrando un círculo vital que comenzó en los clubes de su ciudad junto a compañeros de generación como Fabrizio De André y el malogrado Luigi Tenco.
Aunque nació por una costumbre familiar en Monfalcone, Paoli era genovés de pura cepa, un carácter áspero que supo canalizar a través de una sensibilidad musical única. Sus inicios no fueron sencillos; compaginaba su labor en una agencia de publicidad con sus primeras grabaciones, hasta que dos mujeres cambiaron el rumbo de su carrera: la mítica Mina, que convirtió su tema ‘Il cielo in una stanza’ en un éxito masivo, y la propia Vanoni, quien inspiró las baladas más intensas de su repertorio, como la inmortal ‘Senza Fine’.
Una bala como recordatorio de una existencia turbulenta
La biografía de Gino Paoli no se entiende sin sus abismos. En la cima de su éxito, en el año 1963, el cantautor se hundió en una crisis personal que le llevó a intentar suicidarse disparándose en el pecho. Milagrosamente, la bala se detuvo a escasos centímetros de su corazón y los cirujanos de la época, incapaces de extraerla sin riesgo vital, decidieron dejarla allí para siempre. «Hago sonar todos los detectores de metales», solía bromear el artista sobre el proyectil que lo acompañó hasta su último suspiro.
Aquel episodio marcó el inicio de una etapa de desaparición mediática y lucha interna. Paoli se refugió en el anonimato durante los años 70 para combatir sus adicciones al alcohol y diversas drogas, logrando un resurgimiento triunfal en la década de los 80. Fue entonces cuando su figura se agigantó de nuevo con éxitos como ‘Una lunga storia d’amore’ y su compromiso político como miembro independiente del Partido Comunista, una experiencia que duraría cinco años y de la que salió desencantado con la gestión pública.
El legado de un gigante que vivió cuatro vidas
Paoli supo envejecer con la dignidad de quien ya no tiene nada que demostrar. Sus regresos al Festival de Sanremo y sus giras conjuntas con Ornella Vanoni en los años 2000 demostraron que su voz seguía siendo el vehículo perfecto para la nostalgia colectiva de un país. A pesar de los duros golpes finales, como la pérdida de su hijo Giovanni hace un año, el cantautor mantuvo su actitud engañosamente ruda y su cigarrillo inseparable hasta el final.
Con su muerte, Italia pierde al último gran poeta de la escuela genovesa. Gino Paoli no solo escribió canciones; redactó el diario emocional de varias generaciones que hoy, al conocer su partida, vuelven a sentir el regusto de aquel ‘Sapore di sale’ que él convirtió en eternidad. Su música queda como el testamento de un hombre que, tras burlar a la muerte con una bala en el pecho durante sesenta años, ha decidido finalmente reunirse con sus fantasmas y sus grandes amores.
