El plató de ‘El tiempo justo‘, el magacín conducido por Joaquín Prat en Telecinco, se ha convertido este miércoles en el escenario de un durísimo enfrentamiento dialéctico. Lo que comenzó como un análisis sobre la reciente visita de Georgina Rodríguez al Valle de los Caídos (ahora Cuelgamuros) derivó en una bronca monumental entre el director de Lecturas, Luis Pliego, y el periodista Antonio Montero, con la sombra de la dictadura como eje central de la discordia.
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La chispa saltó durante la conexión con Pilar Gutiérrez, conocida mediáticamente como «la mujer más franquista de España». Mientras Gutiérrez y Montero cuestionaban la exhumación de los restos de Franco y defendían la construcción del monumento, Pliego se plantó de forma tajante ante lo que calificó como una defensa intolerable de las «buenas praxis» del régimen.
El choque por la historia: ¿Presos o trabajadores libres?
El momento de mayor voltaje en el plató se produjo cuando el debate viró hacia el origen de la construcción de la cruz de Cuelgamuros, desatando versiones totalmente opuestas que encendieron los ánimos de los colaboradores. El periodista Antonio Montero y Pilar Gutiérrez defendieron una visión muy controvertida al asegurar que los presos republicanos «pedían ir» a trabajar a la obra y que, en su mayoría, se trataba de «obreros libres» que percibían un salario por su labor.
Esta afirmación fue rápidamente matizada por el propio Joaquín Prat, quien recordó que el monumento fue levantado de forma forzosa por prisioneros del bando republicano. Sin embargo, el punto de ruptura definitivo lo marcó Luis Pliego; visiblemente indignado ante lo que consideró un intento de blanquear la dictadura, el director de Lecturas cargó con dureza contra Montero. «¿Pero estamos haciendo apología del franquismo porque ya es lo que me faltaba por escuchar? Ahora resulta que Franco era un gran empresario y el Juan Roig de la dictadura», espetó Pliego con un sarcasmo que reflejaba la tensión absoluta del directo.
«Ya es lo último»: Pliego no da crédito
Ante la insistencia de Montero sobre que los presos cobraban y que «quien no se quiere enterar es porque no lee», Pliego sentenció la discusión con una frase lapidaria: «Es que ya es lo último, apología del franquismo en directo». El rifirrafe pone de manifiesto la enorme sensibilidad que sigue rodeando a la simbología de Cuelgamuros, un espacio que Pliego defendió que debe ser «resignificado» para el culto tras la salida de los restos del dictador y de Primo de Rivera.
