La periodista Rosa Belmonte ha intentado apagar el incendio provocado en ‘El hormiguero‘ con una maniobra de distracción que ha resultado ser gasolina para el fuego. Tras humillar a la analista Sarah Santaolalla con un comentario sobre su anatomía, Belmonte se ha refugiado en los micrófonos de esRadio para esgrimir unas disculpas tibias y una defensa del «todo vale» bajo el paraguas de la ficción. Sin embargo, su justificación no ha frenado el aluvión de críticas ni la intervención del Observatorio de la Imagen de las Mujeres, que ya estudia el comportamiento tanto de la colaboradora como la pasividad cómplice de Pablo Motos y su mesa.
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El escándalo que sacudió el prime time de Antena 3 ha tenido su segundo capítulo en el programa En casa de Herrero. Rosa Belmonte, acorralada por el juicio unánime de las redes sociales, ha tratado de despojar de importancia a su frase: «¿Esa que es la mitad tonta y la mitad tetas?». La periodista asegura que se trató de algo «espontáneo» y que simplemente recordó una cita de la serie La maravillosa señora Maisel.
Sin embargo, sus disculpas han sonado a manual de supervivencia mediática. Al recurrir a la coletilla de «si alguien se ha sentido ofendido», Belmonte traslada la responsabilidad a la víctima en lugar de asumir la gravedad de un ataque que cosifica a una compañera de profesión. Además, la colaboradora ha invocado la figura de Ricky Gervais para defender que «se puede bromear sobre todo», una postura que choca frontalmente con la dignidad de las mujeres en los medios de comunicación.
La pasividad de Pablo Motos en el punto de mira del Ministerio
Pero el problema no reside solo en el exabrupto de Belmonte. La indignación crece ante la complicidad de Pablo Motos y el resto de tertulianos, quienes en lugar de afear el comentario o cortarlo de raíz, lo recibieron entre risas. Esta pasividad ha sido denunciada por la propia Sarah Santaolalla, quien describió la escena como una «violencia sistemática» ejercida desde un plató de televisión: «No eran hormigas, eran ratas».
La magnitud del ataque ha traspasado la pantalla y ha llegado hasta el Observatorio de la Imagen de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad. El organismo ha confirmado la recepción de numerosas quejas y ya ha anunciado que instará a la cadena a cumplir con la normativa de igualdad. Tras tres décadas de trabajo por el respeto a las profesionales, el Observatorio recuerda que el «humor» no es un salvoconducto para la humillación física.
Fuga de las redes y una herida abierta
Abrumada por la repercusión de sus propias palabras, Belmonte ha optado por retirarse temporalmente de la red social X, alegando que «lo que menos le gusta es discutir». Una salida discreta que no borra el daño causado ni el precedente de permitir este tipo de discursos en el programa líder de la televisión española.
Mientras Santaolalla cuestiona cuánto más tendrá que aguantar esta «violencia sistemática», el debate público se centra en la responsabilidad de los presentadores y las cadenas. El perdón forzado de Belmonte, pronunciado solo cuando la opinión pública la tenía acorralada, parece insuficiente para una sociedad que ya no acepta el insulto machista disfrazado de referencia seriéfila.
