La última reunión de las estrellas de la televisión en Galicia ha terminado convertida en una escabechina estilística de la que nadie sale indemne. El enlace del periodista Néstor Barreira y Marilia Martins-Soares en un pazo de A Coruña prometía ser una jornada idílica de celebración y postureo en redes sociales, pero el análisis de los atuendos de los invitados ha dinamitado la paz familiar de las Campos. La estilista Paloma González Durántez no ha tenido piedad en el programa El Tiempo Justo de Telecinco, ensañándose especialmente con el confuso estilismo escogido por Alejandra Rubio, a quien ha enviado directa al rincón de pensar de la moda con una nota humillante.
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La hija de Terelu Campos acudió al evento del brazo de su pareja, Carlo Costanzia, convencida de dar una lección de elegancia bohemia ante los fotógrafos. Nada más lejos de la realidad. El veredicto de la experta de Mediaset ha sido un golpe de realidad definitivo: «Le pongo un cero». La colaboradora televisiva optó por un vestido largo estampado en tonos rojizos, rematado con un cinturón de pedrería y un bolero de gasa de manga holgada sobre los hombros que terminó por arruinar el conjunto.

La descripción de la estilista en plató rozó la mofa al comparar el diseño con un disfraz de pitonisa de feria callejera: «Alejandra Rubio parecía una cíngara que te iba a echar las cartas. Era la que peor iba vestida». Las críticas no se detuvieron en la tela. El estampado fue tildado de «horrible» y la chaquetilla recibió el calificativo de «fea», pero el remate final llegó con los accesorios. La joven decidió colocarse una cadena dorada sobre su larga melena suelta, un detalle místico que sirvió para que la especialista rematara su intervención con mucha sorna: «Yo quiero saber, que soy Acuario, qué me va a pasar este verano». Mientras en televisión se desataba el desprecio hacia su elección, la nieta de María Teresa Campos ajena al bando de los críticos presumía en sus redes del enlace de una de sus mejores amigas.
De las gallinas de Las Vegas a los picnics campestres
El examen de Paloma González no se detuvo en la joven pitonisa de la familia; su madre también recibió una dosis de realidad estética. Terelu Campos acudió a la cita en el pazo gallego con un traje sastre rosa empolvado, firmado por Carmela Rosso, que combinó con un chaleco y un bolso de Pluma y Collar. Aunque la silueta era adecuada para un enlace de mañana, las proporciones y los excesos arruinaron el intento. «Tanta chaqueta arriba y tan estrechas las patitas parecía una gallina», soltó la experta sin miramientos, criticando además los detalles de strass de las solapas que, según su criterio, hacían parecer que la boda se estaba celebrando en un casino de Las Vegas en lugar de en el norte de España.

La otra gran damnificada de la lista negra fue Marta López. La colaboradora optó por un vestido de tirante fino con fondo blanco y estampados vegetales que la alejaba por completo del protocolo exigido para un «sí, quiero» formal. «Parecía que iba a hacer un picnic con su novio. El vestido no es feo, pero para irte a tomar unas cañitas a La Latina. Es que ni de playa. Le falta el cesto», sentenció González. Tras un amago de generosidad inicial donde pensaba otorgarle un aprobado raspado con un seis, la estilista rectificó en directo para hundirla con una nota final de 4.5. Una decepción que contrasta con el entusiasmo de la propia Marta en sus redes, donde calificó el evento en Galicia como una de las experiencias más bonitas y mágicas de su vida social.
El oasis de sencillez en la pasarela de los errores

En medio de semejante bando de despropósitos, la única que consiguió el aprobado y el aplauso unánime del plató fue Marieta. La exconcursante de realities, que acudió acompañada por Suso, confió su suerte a un conjunto de dos piezas en color rojo de la firma Adorie. La combinación de un top cortito y una falda de estilo evasé inspirada en los años cincuenta fue elogiada por su finura y contención.
«Cuando no tienes ni idea de moda, lo mejor es que te vistas normal. Ella ha acertado porque va de rojo… Iba muy fina, no se pasa», dictaminó la implacable jueza de la tarde. Además, aprovechó el acierto de la joven para lanzar un último dardo envenenado hacia las invitadas que confunden los pazos con escenarios teatrales, recordando que en las bodas matinales de etiqueta siempre es preferible optar por la contención antes que acudir «vestida de hada madrina» o, como en el sangriento caso de Alejandra Rubio, de echadora de cartas del tarot en busca de clientes veraniegos.
