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Corazón

Brad Pitt destapa su lado más oscuro en Esquire: ha vuelto a beber tras siete años sobrio y admite que pensó en quitarse la vida

Pedro Serrano González
8 min 13
brad pitt

Brad Pitt ha roto siete años de sobriedad y lo ha contado él mismo, entre risas, en una larga entrevista concedida a la revista Esquire en su propia casa de Los Ángeles. Pero la conversación, publicada este lunes, va mucho más allá del vino: el actor de 62 años ha revelado también que atravesó un periodo en el que llegó a sentir «el acero frío de la bala» y a entender, según sus propias palabras, «qué es el suicidio».

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Queso, sudoku y un Perrier: un día cualquiera en casa de los Pitt

El encuentro arranca con dos perros doodle, Sundae y Vandy, correteando entre las piernas de Brad Pitt junto a la puerta de cristal de su casa, comprada el pasado otoño. «¡Hola! Brad», se presenta el actor, en camiseta color yema de huevo y pantalones dorados, antes de ponerse a cortar gouda, parmesano y salami en la isla de la cocina para preparar una tabla de embutidos. Se ha despertado sin alarma, ha leído las noticias en el móvil, ha hecho sudoku, ha sudado un rato en el gimnasio y, según cuenta entre risas, ha reorganizado el armario a su manera. Reparte dos botellines de Perrier y, al comentarle que lo está tratando a cuerpo de rey, responde con media sonrisa: «Un día más en casa de los Pitt».

Fuera, el cielo de Los Ángeles amanece encapotado, sin el azul que suele aparecer en las revistas de viajes. A la mayoría de los anfitriones les incomodaría, pero Pitt contempla las nubes con una sonrisa: «El gris de junio. Me encanta el gris de junio. Es mucho más contemplativo e introspectivo». De fondo, sin sonido, un partido del Mundial —Paraguay contra Alemania— ocupa la televisión, mientras suena en bucle un disco de la cantante Kelsey Lu. Es en ese ambiente doméstico, con un cuenco de uvas verdes sobre la mesa, donde la charla —pensada en un principio para hablar de su próxima película— empieza a virar hacia un terreno mucho más personal.

Siete años sobrio, «y luego me caí del vagón»

El tema surge cuando el periodista le señala que antes le ha ofrecido vino. «Estuve sobrio durante siete años. Y después volví a caer», reconoce Pitt, riéndose, mientras levanta un dedo para matizar: «De una manera más contenida. Un par de veces me confié demasiado y pensé: esto no me conviene. No en grandes cantidades». Cuando le preguntan si ya puede tomarse una copa de vino con normalidad, se lo piensa antes de responder: «Sí. Bueno… Puedo tomarme unas cuantas. Pero no muchas. Tengo que tomármelo con profesionalidad». El actor de Seven y El club de la lucha explica que ahora valora especialmente las mañanas, y que beber de más la noche anterior se las estropea: por eso prefiere no perderse ninguna, «ni siquiera en un día como hoy».

Pitt no se extiende mucho más sobre la mecánica de la recaída ni sobre qué la desencadenó: se limita a marcar la diferencia entre el consumo descontrolado de otra época y el que describe ahora, vigilado casi al detalle, que dice gestionar copa a copa y mañana a mañana. Lo cuenta sin dramatismo, casi de pasada, mientras sigue partiendo trozos de queso y colocándolos con cuidado sobre la tabla, como si la confesión formara parte del mismo gesto doméstico que cortar el salami o abrir una lata de agua con gas.

El tatuaje, el duelo y «el acero frío de la bala»

El giro hacia lo más oscuro de la conversación llega por una pregunta inesperada, sobre un tatuaje del propio periodista: las iniciales de un hermano fallecido, en banderas náuticas. Pitt se recuesta en la silla. «Oh, tío», dice. Y cuando le cuentan que murió de un infarto con 46 años, responde con una frase que delata que sabe de qué habla: que «acabas de llegar al punto en que empiezas a poder asimilarlo». Poco después, hablando de la muerte de su propia madre, resume así lo que ha aprendido del duelo: cree que «el duelo es probablemente la emoción que más nos iguala a todos», que «la pérdida es, desde luego, lo más profundo que puede soportar un ser humano» y que «la soledad que puede venir después es la mayor tortura».

Es en ese punto de la charla cuando Pitt admite que hubo un momento de su vida en el que llegó a comprender el suicidio. «Nunca fui suicida en ningún sentido. Sencillamente no estaba en mi naturaleza. Si padezco algo, probablemente sea de optimismo congénito», empieza, citando a su amigo el director David Fincher: «Tú ves el vaso medio lleno, pero está medio lleno de orina». Y entonces se pone serio: «En cualquier caso, nunca fui suicida salvo durante un breve periodo. Hubo una época de mi vida en que el dolor era tan opresivo que no veía ninguna salida. No iba a hacerlo, pero podía sentir el acero frío de la bala en mi cabeza, y parecía un alivio. Y pensé: ah, vale, ahora lo entiendo… entiendo el suicidio en el sentido de que solo es alivio». Preguntado si aquello tenía que ver con sus hijos, Pitt se inclina hacia delante, apoya un codo en la mesa y se limita a responder, tras un silencio, que son «cosas de familia» y que «podemos dejarlo en eso».

Del Mundial a la inteligencia artificial: el resto de la tarde

Tras ese momento, la conversación vuelve a aligerarse. Con la tanda de penaltis del ParaguayAlemania de fondo, Pitt bromea sobre las simulaciones de los futbolistas —»voy a empezar a dar clases para tirarse, empezando por Neymar«— y asegura, entre risas, que nunca ha sabido hacerse el nudo de una pajarita: dice que «engancho la jodida pajarita y listo» y que recogió su Oscar «con una de clip». Señala nueve pequeños cuencos de matcha sobre un aparador y explica que fue un capricho pasajero: «Me entrego por completo. Haga lo que haga, me entrego por completo». También habla de Kate Winslet, a quien no conoce en persona pero admira sin reservas («se entrega sin reservas, tío»), y de su próximo proyecto, The Riders, además de En el corazón de la bestia, que llega a los cines este otoño, y una nueva película en la que retoma a Cliff Booth, el personaje de Érase una vez en… Hollywood que le dio el Oscar.

Sobre la Inteligencia Artificial aplicada al cine, el actor se muestra pragmático: «Hay mucho rechazo contra la IA, pero va a ser precisamente lo que, utilizada como herramienta, ayudará a que se hagan películas de presupuesto medio, con presupuestos de entre 40 y 90 millones de dólares». Le preocupa más, admite, la posibilidad de que algún día una versión suya generada por IA pueda protagonizar una película sin su implicación real: reconoce que «podrían hacerlo, pero quizá el producto final no reflejara mis decisiones ni lo que yo encontraría y descubriría en la obra». Sobre «las cosas de familia» y sobre sus hijos, la entrevista no vuelve a insistir: Pitt ya ha dicho, a su manera, todo lo que estaba dispuesto a decir.

Una entrevista para cambiar de narrativa, con Jennifer Aniston de fondo

La entrevista con Esquire llega apenas unas horas después de que distintos medios estadounidenses publicaran que Pitt ha retomado el contacto con su examiga Jennifer Aniston, con quien —según esas informaciones, que recogíamos hace unos días— habría retomado un vínculo de amistad hecho de comidas privadas semanales durante el rodaje de la serie The Morning Show. En la propia conversación con Esquire, Pitt solo menciona una vez a su actual pareja, la joyera Inés de Ramón, a la que atribuye, con humor, estar aprendiéndole a hacer y deshacer la maleta como es debido.

Lo que queda, entre el queso cortado a mano, el Mundial de fondo y las bromas sobre pajaritas de clip, es la imagen de un actor de 62 años que decide, a las puertas de la temporada de premios, poner nombre en público a algunos de los episodios más duros de la última década de su vida: la recaída en el alcohol y, sobre todo, ese «breve periodo» en el que, dice, llegó a entender lo que significa querer un alivio del que no se vuelve.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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