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Televisión

Makoke rompe décadas de silencio sobre su convivencia con Kiko Matamoros. Ángela Portero cuestiona su coherencia

Pedro Serrano González
8 min 293

Makoke ha decidido dar un paso al frente tras ocho años de silencio mediático sobre su ruptura. La que fuera pareja de Kiko Matamoros durante dos décadas se ha sincerado ante Santi Acosta sobre los episodios más oscuros de su relación, señalando dinámicas de control y un grave altercado policial, mientras colaboradoras como Ángela Portero cuestionan la coherencia de su testimonio actual.

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El tiempo no siempre cura las heridas; a veces, solo las mantiene en estado de latencia hasta que la necesidad de hablar se vuelve imperativa. Makoke, a sus 56 años, ha decidido que el miedo ya no será el motor de su vida. Tras años de reproches públicos cruzados y un reciente proceso judicial por alzamiento de bienes que la volvió a unir forzosamente a su exmarido, la malagueña ha concedido una de sus entrevistas más crudas y detalladas. Su objetivo, según ella misma confiesa, es clausurar un pasado que todavía hoy proyecta sombras sobre su presente: «Quiero cerrar este capítulo de mi vida para siempre. Voy a contar lo que he vivido durante 20 años. Basta ya de tener miedo. Sé que las represalias van a ser grandes pero no voy a sufrir más».

Consciente del peso de sus palabras y de la repercusión que tendrá en el clan Matamoros, la modelo no ha dudado en calificar la convivencia como una experiencia traumática que, a su juicio, afectó a todo el entorno familiar del colaborador. «Todas las personas que hemos estado a su lado somos unas víctimas, todas: desde sus mujeres hasta sus hijos», sentenciaba con una contundencia que anticipa una guerra mediática sin cuartel.

Del idilio en ‘Tómbola’ a la sombra de la sospecha

La historia, que terminó en los juzgados y los platós, comenzó como un romance de alta intensidad a finales de los noventa. En 1998, un joven Kiko Matamoros se presentaba como su futuro representante, iniciando un cortejo que culminaría una noche de verano en Valencia. «Nos conocemos en 1998 y él se puso en contacto conmigo para ser mi representante. En esa época él estaba casado pero había mucho tonteo. El 14 de agosto fuimos a ‘Tómbola‘ y esa noche nos liamos», recuerda Makoke. Lo que comenzó como una aventura se convirtió rápidamente en un proyecto de vida común cuando él le comunicó que se había separado porque se había enamorado de ella.

Los primeros años, según el relato de la protagonista, fueron la viva imagen de la felicidad doméstica. Una familia reconstruida donde convivían hijos de relaciones anteriores y donde la armonía parecía reinar en destinos vacacionales como Zahara de los Atunes. «Yo era la mejor madre del mundo, la mejor persona del mundo… No teníamos problemas ni conflictos. Ha sido una historia de amor muy bonita. Me decía constantemente que el amor lo había conocido conmigo y yo me lo creí porque cuando tú estás enamorada te lo crees todo», rememora con cierta nostalgia amarga. Sin embargo, esa fachada comenzó a agrietarse ante lo que ella describe como una falta de apoyo emocional profundo, citando la frialdad de Matamoros tras la muerte de su padre: «Estuve en el tanatorio, volví al hotel a las 8 y estaba dormido. Le dije que me abrazara y se fue a desayunar. Me quedé llorando».

Celos, control y la intervención de la Guardia Civil

A medida que avanzaba la relación, la dinámica de pareja se tornó, siempre según la versión de Makoke, en un entorno de control asfixiante marcado por los celos profesionales y personales. La colaboradora relata cómo el ocio nocturno se convirtió en un campo de batalla donde cualquier mirada ajena desataba la ira de su entonces marido. «Todas nuestras peleas venían cuando salíamos de fiesta, que lo hacíamos mucho porque se pensaba que yo miraba a otros hombres. Tenía que ir mirando para abajo», explica, detallando además un «código de pareja» que le impedía viajar o salir con sus amigas.

El punto de inflexión más grave y violento narrado por Makoke sitúa la acción en una Nochevieja en la discoteca Buda, un episodio que terminó con la detención del colaborador de televisión. Según su testimonio, un altercado con terceros derivó en un trayecto en coche de extrema tensión y un desenlace traumático en el domicilio conyugal. «Estaba fuera de sí. Cogió el coche por la carretera de La Coruña a 200 por hora, le decía que nos íbamos a matar y decía ‘¡me da igual!'», narra con viveza.

La descripción de lo ocurrido al llegar a casa es desgarradora: «Me cogió de los pelos… muy desagradable. Horrible. Muy mal. Yo lo único que quería es que los niños no se despertaran, él me decía que todo era por mi culpa. Pensaba que me mataba porque estaba fuera de sí. Intenté llamar a la policía y me arrancó el teléfono para que no llamara, me tiró al suelo y me puso el pie en la cara diciendo si había visto lo que había liado por follarme a un tío». El episodio concluyó con la llegada de la Guardia Civil y el traslado de Matamoros a dependencias policiales, aunque Makoke decidió no ratificar la denuncia: «A mí me reconoce un médico porque tenía desgarros en el cuello y en la cara, tenía marcas, pero no presenté denuncia porque no quería perjudicar al padre de mi hija».

El estigma de Ibiza y la supuesta venganza contra Mar Flores

La relación continuó durante años bajo el peso de la culpa y las deudas emocionales. Makoke admite que el episodio de una infidelidad suya en Ibiza fue utilizado como un arma arrojadiza constante para justificar comportamientos erráticos de Matamoros.

Incluso el famoso tatuaje ‘I will wait for you’ que luce el colaborador tendría, según ella, un origen muy distinto al que él siempre ha defendido públicamente, siendo una herramienta de reconquista tras ser descubierto «tonteando» con otra mujer llamada Ana.

Más allá de lo estrictamente matrimonial, Makoke ha arrojado luz sobre uno de los escándalos más sonados de la prensa del corazón en los 90: las fotos de Mar Flores en la cama con Alessandro Lequio. La invitada asegura que Matamoros orquestó la venta de esas imágenes por pura venganza personal. «Esas fotos las tenía Kiko en su despacho. Llamó a su hermano y, con otra persona que es anónima, organizaron la venta de las fotos. Él no asume nunca nada, echa toda la culpa a Coto y no fue así (…) Nada más coger el dinero, lo primero que hizo fue comprarse un coche», afirma sin ambages.

El cuestionamiento y la sombra de la incoherencia

A pesar de la dureza del relato, el testimonio de Makoke no ha sido recibido con una aceptación unánime en el entorno periodístico. La intervención de la periodista Ángela Portero ha puesto el foco en una posible contradicción ética de la modelo. Portero cuestiona por qué el público debe dar validez a las acusaciones de Makoke cuando ella, presuntamente, ha desacreditado testimonios similares dirigidos hacia su actual pareja, quien también enfrenta acusaciones legales por parte de su exmujer.

«Por qué tenemos que creer su testimonio cuando ella misma no cree el testimonio de la ex de su actual pareja. Ella misma ha tirado por tierra un testimonio muy similar, de supuesto maltrato, de cosas que ella misma está denunciando públicamente. Me parece muy osado por su parte», reflexionaba Portero, señalando la delicada posición de Makoke al denunciar situaciones que, en otros contextos, ha puesto en duda. Este debate promete ser el eje central del próximo careo en plató, donde la presunción de inocencia de Matamoros —quien nunca ha sido condenado por violencia de género— y la credibilidad de Makoke se medirán frente a la audiencia.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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