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Televisión

Lydia Rodríguez denuncia presunto maltrato profesional en Presuntos Implicados tras sufrir humillaciones por su físico

Pedro Serrano González
6 min 38

La cantante Lydia Rodríguez, voz principal de la formación musical Presuntos Implicados desde el año 2008, ha dinamitado la actualidad musical de este fin de semana al anunciar de forma fulminante su salida definitiva del grupo. A través de un durísimo comunicado emitido en sus plataformas, la intérprete desveló haber sido víctima de una presunta situación de maltrato continuado, tanto a nivel psicológico como profesional, apuntando de forma directa a sus excompañeros y a los gestores de representación de la banda. La madrileña rompió su blindaje en una intervención en directo en el programa Fiesta de Telecinco, donde detalló ante la presentadora Emma García las humillaciones sufridas por su aspecto físico y las coacciones verbales que la mantuvieron bajo tratamiento médico especializado durante años.

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La ruptura de la artista con el ecosistema de la banda se precipitó a raíz de una publicación previa del propio grupo musical. En dicha nota, la formación despachaba la relación laboral afirmando que hace unos años se había cerrado un ciclo bonito donde se cumplieron las expectativas comunes junto a la vocalista. Esta lectura edulcorada de los hechos provocó la reacción inmediata de la cantante, quien decidió desligarse por completo del histórico nombre de la música pop española, aclarando que su marcha no obedecía a un proceso amistoso sino a una intolerable dinámica de vejaciones en el entorno de trabajo.

La vocalista señaló nominalmente a los otros dos integrantes históricos del conjunto, Juan Luis Giménez y Nacho Mañó, tildándolos de cómplices directos de la situación debido a su inacción o participación activa en las conductas vejatorias. El foco de las denuncias públicas se extendió asimismo hacia el equipo de mánagers y representantes de la formación. Según la versión de la afectada, la presión ejercida sobre su proyección escénica traspasó los límites de la deontología profesional, llegando a sufrir comentarios de corte marcadamente sexista sobre la necesidad de provocar deseo carnal en el público asistente como requisito indispensable para subirse a las tablas, unos episodios que a día de hoy califica como plenamente denunciables ante las instancias jurídicas pertinentes.

Esta situación de hostigamiento continuado provocó un severo desgaste en la salud mental de la cantante, quien reconoció ante la audiencia de Mediaset arrastrar un proceso de terapia psicológica desde que cumplió los 30 años de edad para poder procesar las secuelas emocionales derivadas de su estancia en el grupo. La afectada matizó que, si bien en el plano estrictamente personal el trato con sus compañeros no presentaba estas aristas, el terreno profesional se convirtió en un búnker dorado hostil donde su capacidad de decisión quedó totalmente anulada por el miedo a las represalias laborales.

La mesa redonda sobre el sobrepeso y las amenazas de la industria

El testimonio ofrecido en la televisión pública detalló que las dinámicas de sumisión se implantaron desde los primeros compases de su incorporación al grupo, manifestándose ya con desaires explícitos durante la rueda de prensa de su presentación oficial. El episodio de mayor gravedad relatado por la artista se centró en la convocatoria de una reunión extraordinaria cuyo único orden del día consistió en analizar de manera pública sus niveles de sobrepeso, un debate circular donde los gestores de la banda evaluaron de forma abierta lo que denominaban como su aspecto redondo. Los despropósitos organizativos alcanzaron el extremo de obligarla a despojarse de su vestuario habitual minutos antes de iniciar un concierto para forzarla a vestir las prendas de la secretaria de la agencia de representación, al no considerar su silueta apta para la escena.

La vulnerabilidad asociada a sus 28 años de edad y el temor a perder la que consideraba la gran oportunidad de su carrera profesional impidieron que la intérprete pudiera fijar límites frente a las exigencias estéticas de los directivos. La sumisión de la vocalista incrementaba la agresividad de los reproches cuando intentaba argumentar que su complexión física respondía a cuestiones puramente metabólicas. Ante estas explicaciones, los responsables de la formación recurrieron a la intimidación contractual, profiriendo advertencias explícitas sobre el diseño de las futuras portadas discográficas del grupo como mecanismo de castigo psicológico si no accedía a perder peso de forma drástica.

«El mánager llegó a decirme que cuando saliera al escenario todos me tenían que querer follar, viví cosas que a día de hoy son intolerables y denunciables», confesó la cantante al evocar el trato recibido por parte del equipo de representación. Durante su intervención telefónica en el plató de Fuencarral, expuso la raíz de su prolongado silencio: «Estoy muy nerviosa porque yo nunca he hablado públicamente de mis miserias, pero lo tengo que hacer. Llevo desde los 30 años en terapia porque esto me ha destrozado, quiero decir que mis compañeros, en el plano personal, siempre me han tratado bien, yo ahora estoy hablando del terreno profesional».

Respecto a las reuniones sobre su físico, la artista se mostró implacable con el resto de músicos: «Desde un principio me hicieron sentir mal, desde la rueda de prensa ya hubo feos, hubo una reunión solo para hablar de mis kilos de más en una mesa redonda donde se hablaba de mi aspecto redondo. en el momento en el que mis compañeros permiten eso automáticamente se convierten en cómplices». La madrileña relató además las coacciones sufridas en los camerinos: «A mí me han llegado a obligar a cambiarme la ropa con la secretaria de la agencia justo antes de salir a cantar porque a ellos no les gustaba mi aspecto. No marqué límites porque me daba miedo, yo vi en la banda una gran oportunidad, tenía 28 años y siempre había sido muy manipulada por esta industria, ahora tengo 46 años y no permitiría nada de aquello que me hicieron. Si yo me revelaba era peor, les pedía que aceptasen que ese era mi metabolismo porque yo nunca había sido una persona delgada. Llegaron a amenazarme diciéndome que o adelgazaba o me iban a poner en la portada de un disco con cuatro negros gordos, esas palabras me las dijeron textualmente». Con 46 años cumplidos, la vocalista cierra una etapa en plena tormenta mediática, decidida a no tolerar los abusos de un sector mercantilizado.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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