La influencer Lola Lolita ha visitada el plató de La Revuelta para sincerarse con David Broncano sobre las secuelas psicológicas de su etapa en El Hormiguero, lanzando una petición formal para unirse al equipo de TVE y dejar atrás el odio recibido en su anterior etapa televisiva.
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El trasvase de rostros entre la televisión tradicional y el universo digital ha vivido un nuevo episodio de honestidad brutal en el Access prime time de la televisión pública. La creadora de contenido Lola Lolita, una de las figuras más potentes del panorama nacional en redes sociales, ha acudido al programa de David Broncano para ajustar cuentas con su propia trayectoria y, de paso, con el formato que lidera Pablo Motos en la competencia.
La visita de la alicantina no ha sido una simple entrevista promocional. Con la naturalidad que la caracteriza ante sus millones de seguidores, la joven ha aprovechado el altavoz de la cadena pública para relatar el calvario que supuso su breve pero intensa incursión como colaboradora en el programa de las hormigas. Según hemos recogido de su entrevista, aquella etapa no solo fue profesionalmente insatisfactoria, sino que derivó en una crisis personal que la obligó a buscar apoyo clínico.
El peaje emocional de la exposición en el «otro bando»
La conversación se tornó profunda cuando Lola Lolita abordó la toxicidad que impera en las plataformas digitales, un terreno que domina pero que también le ha mostrado su cara más amarga. La invitada recordó con amargura su paso por el plató de Antena 3, refiriéndose a él como «el otro bando», y fue especialmente contundente al valorar su papel allí durante los seis meses que duró su contrato. «Cuando estuve en el otro bando, tu amigo Pablo, que estuve 6 meses trabajando con él. Hacía una sección, la verdad que de donde no hay no se puede sacar, pero bueno, allí estaba», confesó con una mezcla de ironía y resignación.
Lo más sorprendente de su relato fue el cambio en el perfil del acosador digital. Acostumbrada a lidiar con el público joven, la influencer se encontró de repente con una oleada de animadversión proveniente de sectores demográficos que no esperaba. «Empecé a recibir muchísimos insultos de gente de 40, 50 y 60 años, a los que nunca había estado acostumbrada. Ya no era solo gente joven», explicó ante un Broncano que escuchaba con atención. La dureza de los comentarios caló hondo en la joven, quien llegó a cuestionar la motivación de esos ataques: «Dije: pero si puedo ser su hija y me están poniendo a parir…».
Esta situación de hostilidad constante la llevó a tomar la decisión de ponerse en manos de profesionales para gestionar el impacto emocional. «Empecé a ir el psicólogo. Es psicólogo y terapeuta y me ha venido muy bien, la verdad. Siempre me he reforzado con amigos y familia, pero me ha ido bien la ayuda profesional», admitió, visibilizando la importancia de la salud mental en un entorno tan volátil como el del entretenimiento.
El deseo de una nueva oportunidad en la televisión pública
Lejos de querer alejarse de la pantalla, Lola Lolita parece haber encontrado en el formato de La 1 el entorno ideal para desarrollar su faceta mediática sin las ataduras o los prejuicios que sintió anteriormente. Con un entusiasmo renovado, la influencer no dudó en lanzarle un guante al presentador jienense para formalizar una colaboración estable. «¡Pero he vuelto, que siempre vuelvo donde he sido feliz! A ver cuándo me dais una [sección] aquí, me encantaría», soltó entre risas, mientras Grison añadía con su habitual sorna: «Pues ya no vuelves al otro lado, olvídate».
La química en el plató se completó con la presencia de Berto Romero, quien también participó en la entrega del lunes. El cómico, fiel a su estilo surrealista y punzante, protagonizó un divertido cruce de palabras con la influencer. Tras un intercambio de cumplidos sobre sus respectivos físicos, Lola Lolita buscó la sabiduría del veterano humorista preguntándole: «¿Algún consejo?». La respuesta de Romero fue una oda a la autenticidad que parece casar perfectamente con el momento vital de la invitada: «El consejo es no dar consejos. Me dan rabia. Tú haz lo tuyo a tu manera, que te va muy bien».
Una transición necesaria en la cultura pop actual
La narrativa de Lola Lolita refleja un cambio de paradigma en la cultura pop española. Ya no basta con estar presente en los grandes formatos de la televisión convencional; los nuevos talentos buscan espacios donde su identidad no sea sacrificada en favor del espectáculo o donde el público sea más afín a su lenguaje. Su paso por La Revuelta marca un antes y un después, posicionándola como una figura que prioriza su bienestar y su voz propia frente a las exigencias de las estructuras televisivas más rígidas.
El cierre de su intervención dejó claro que su paso por «el otro lado» fue una lección aprendida a base de golpes mediáticos. «Yo creo que no le puedo gustar a todo el mundo, pero un poco de educación. Además yo cuando pienso algo mal de una persona, sinceramente no lo hago público…», lamentó, dando una lección de civismo digital antes de despedirse de un público que, esta vez, sí pareció conectar con su vulnerabilidad.
