Las cloacas de la política, el urbanismo salvaje de los noventa y el uso impúdico de la pantalla catódica vuelven a cruzarse en la televisión nacional convertidos en un auténtico thriller de Estado. laSexta arrancó la cuarta temporada de Anatomía de… poniendo el foco en el ascenso, los excesos y la demoledora caída de Jesús Gil, catalogado con acierto por el formato como el primer gran perfil populista moderno de la historia mediática de nuestro país. El espacio dirigido por Mamen Mendizábal reconstruyó con precisión quirúrgica las maniobras de las altas esferas para frenar los pies al todopoderoso mandatario marbellí, sacando a la luz una lapidaria advertencia que el entonces jefe del Ejecutivo, José María Aznar, le habría hecho llegar al presidente del Atlético de Madrid a través de su ministro del Interior, Mariano Rajoy. Un aviso que marcaba una línea roja que el sistema no iba a permitir que cruzara bajo ningún concepto.
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La noche dominical desveló cómo el fenómeno político que comenzó como una supuesta extravagancia local en la Costa del Sol mutó de inmediato en una seria amenaza institucional a finales de los noventa. La exalcaldesa de Málaga y una de las figuras fuertes de los populares andaluces en aquella época, Celia Villalobos, recordó en el formato de Atresmedia que las intenciones de la formación independiente de expandir sus tentáculos hacia el norte de África encendieron de inmediato todas las alarmas en Madrid. La inquietud en los despachos gubernamentales era tan profunda que los dos partidos mayoritarios decidieron dejar a un lado su encarnizada rivalidad diaria para tejer una alianza soterrada.
«Tanto el PSOE como el PP de entonces, de José María Aznar, estaban preocupados por lo que significaba el modelo de sociedad de Jesús Gil y por eso se ponen de acuerdo para rechazarlo», desveló Villalobos en el programa, remarcando la fluidez de unos canales de comunicación secretos entre ambas formaciones que hoy parecerían de ciencia ficción en nuestra política. El detonante definitivo fue el triunfo en los comicios de 1999, cuando el Grupo Independiente Liberal se convirtió de golpe en la fuerza más votada en las dos ciudades autónomas, amenazando con instalar un polémico modelo que pretendía liberalizar fronteras, abrir casinos y puertos francos.
El periodista José Carlos Villanueva, excorresponsal de El Mundo en Marbella durante la época dorada de las corruptelas municipales, fue el encargado de poner la guinda al relato detallando la crudeza del supuesto recado gubernamental que recibió el mandatario andaluz en los pasillos de un acto público previo al asalto electoral africano: «Jesús, dice el presidente que si vas a Ceuta y Melilla te vas a electrocutar». Una frase lapidaria pronunciada supuestamente por Mariano Rajoy que constataba la movilización de todo el aparato estatal para frenar los planes de un perfil al que veían capaz de transformar el Estrecho en un gigantesco lavadero de dinero fuera de control.
El relato del victimismo ante las garras de Anticorrupción
El documental analizó de forma minuciosa cómo la maquinaria judicial terminó por triturar las aspiraciones del presidente del Atlético de Madrid. La entrada a saco de la Fiscalía Anticorrupción en el año 1999, motivada por las sospechas de compra de voluntades tras la traición de la tránsfuga socialista Susana Bermúdez en Ceuta, marcó el principio del fin para el imperio gilista. Las sospechas de financiación ilegal y el desvío de fondos públicos de las arcas marbellíes hacia las campañas de las ciudades autónomas terminaron por blindar una ofensiva judicial que ya no tenía marcha atrás.
Fiel a su magnético manejo de las cámaras de televisión y su innata capacidad para conectar con las clases populares a través del histrionismo, el regidor marbellí no tardó en contrarrestar los golpes de los tribunales construyendo un hábil relato de persecución política. Tal y como apuntó el periodista Antonio Rubio, otra de las firmas de investigación ligadas a la prensa de la época, el líder del GIL mutaba su respeto a las leyes y a la independencia judicial según soplara el viento de los juzgados de instrucción. «Mientras que la Justicia le venía bien, decía que estábamos en un Estado de Derecho, pero cuando la Justicia comienza a pedirle el porqué de las cuestiones, ya no», analizó el cronista. «No hay que olvidar que él es un populista y el elemento de comunicación lo domina bastante bien. Entonces, une las dos cuestiones para dar a entender que es un perseguido».
Esta estrategia de contraataque público en los platós fue secundada a pies juntillas por sus hombres de máxima confianza, como el dirigente ceutí Antonio Sampietro, encargado de acusar abiertamente al Ministerio Público de actuar bajo estrictas directrices e intereses políticos coordinados desde las poltronas de Madrid. Un cóctel de insultos en ruedas de prensa, desacato institucional y puro espectáculo catódico que sirvió de escudo mediático mientras el cerco del denominado ‘caso camisetas’ terminaba por certificar la defunción definitiva de su andadura en la escena pública. El imperio se caía, pero el espectáculo debía continuar en la televisión.
El impacto en audiencias de la marca Mendizábal
Más allá de la indiscutible relevancia histórica de los trapos sucios del gilismo, el regreso de Anatomía de… a la parrilla dominical de laSexta confirma la excelente salud de la que goza el formato de investigación en la segunda cadena de Atresmedia. El estreno de esta cuarta temporada logró enganchar a la audiencia registrando unos datos que se movieron en la horquilla de la solvencia habitual del canal, plantando cara a las ofertas de las cadenas mayores en una de las noches más complejas y disputadas de la semana.
El estilo inconfundible de Mamen Mendizábal, basado en la sobriedad, la ausencia de artificios y la búsqueda directa del testigo clave, ha conseguido consolidar una marca reconocible que huye del sensacionalismo barato para adentrarse en los pliegues de la historia reciente de España. La reconstrucción de la caída de Marbella no solo aportó dinamismo a la noche de la cadena verde, sino que demostró que el público mantiene intacto su interés por los relatos que explican cómo el poder y la televisión se retroalimentaron en una época marcada por el dinero rápido y la impunidad urbanística.
Con este arranque de temporada, la productora del espacio vuelve a demostrar que la no ficción periodística sigue siendo un valor refugio idóneo para competir frente al cine de catálogo y los debates de telerrealidad de la competencia. La apuesta por desgranar los audios, las querellas iniciales de Isabel García Marcos y los testimonios clave de los periodistas que vivieron sobre el terreno aquella farsa institucional revalida el hueco de laSexta como el referente indiscutible del análisis político y la memoria democrática en la pequeña pantalla.
