La sombra de la sospecha y el hartazgo profesional han vuelto a posarse sobre Gloria Camila tras su última y errática intervención en ‘El tiempo justo‘. En un ejercicio de soberbia que ralla la falta de respeto hacia la audiencia y hacia la cadena que le paga su sueldo, la hija de José Ortega Cano protagonizó uno de los episodios más bochornosos de la temporada. Escudándose en un victimismo que ya resulta indecente, la colaboradora optó por el berrinche y la huida en pleno directo cuando la periodista Leticia Requejo intentó ejercer su trabajo, evidenciando que a la joven le viene muy grande su silla y que prefiere el silencio o el cheque suculento antes que la honestidad frente a las cámaras.
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El arte de la evasiva: tratando a la audiencia como «tontos»

La tarde comenzaba con una Gloria Camila instalada en su habitual muro de cristal. Al ser interrogada por el evidente distanciamiento con su sobrina, Rocío Flores, tras el bloqueo mutuo en redes sociales, la colaboradora decidió insultar la inteligencia del espectador con excusas que nadie en su sano juicio compraría.

A pesar de la coincidencia matemática de sus publicaciones sobre la «paz mental» y el cese de seguimiento digital, ella se limitó a responder con una frialdad que denota un desprecio absoluto por el formato que la contrata.
«Es un tema del que no voy a hablar», soltó con esa altivez de quien se cree por encima del bien y del mal. «Forma parte de mi intimidad, de mi vida privada con Rocío», añadió, ignorando que cobra precisamente por desgranar esa intimidad que ahora, de forma selectiva, pretende blindar. Esta actitud de niña consentida, que solo cuenta lo que le conviene y cuando le conviene, dejó a la mesa de debate en una situación de absoluta impotencia informativa.
El berrinche definitivo: la huida ante la verdad de Leticia Requejo

El momento en que la careta de Gloria Camila terminó por caer fue cuando la profesionalidad de Leticia Requejo entró en escena. La periodista, que no está dispuesta a participar en el teatro de silencios de la tía de Rocío Flores, reveló que había vuelto a hablar directamente con la sobrina para contrastar la información. Ante la posibilidad de verse acorralada por una versión que no podía controlar, la hija de Ortega Cano optó por la salida más cobarde y menos profesional posible: el abandono del plató.
La secuencia fue un ejemplo de manual de cómo un colaborador no debe comportarse. En lugar de rebatir, explicar o simplemente mantener el tipo como la profesional que dice ser, Gloria Camila montó un berrinche en directo y se marchó, dejando el programa a medias y faltando al respeto a la productora que confía en ella. Este «lloro» televisivo y la posterior huida solo confirman que la joven no está capacitada para gestionar temas incómodos, prefiriendo la pataleta antes que la transparencia.
¿Colaboradora o estafa mediática?

La indignación entre sus compañeros y el público es patente. No se puede pretender cobrar un sueldo como colaboradora de televisión y, a la vez, responder con evasivas constantes cada vez que el tema roza su piel. La sospecha de que Gloria Camila guarda la «verdad» de su bronca con Rocío Flores y el papel de Álvaro García para una exclusiva más rentable o para otro programa bajo un cheque más suculento es un secreto a voces. Su actitud es, en definitiva, la de una niña consentida que pretende solucionarlo todo con un berrinche cuando las preguntas dejan de ser cómodas.
