Alejandra Rubio vuelve a subestimar la inteligencia del espectador. La hija de Terelu Campos ha intentado justificar la inminente sentada de su pareja, Carlo Costanzia, en el programa ‘¡De viernes!’, escudándose en la supuesta «gravedad» de las acusaciones vertidas por Laura Matamoros. Sin embargo, tras su discurso de «querer quedarse al margen», lo que subyace es la rentabilidad de un conflicto que se retroalimenta a golpe de talonario, mientras la colaboradora de ‘Vamos a ver‘ intenta vender como «aclaración necesaria» lo que no es más que otra entrega del lucrativo culebrón de los Matamoros y los Flores.
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La coherencia no parece ser el fuerte de Alejandra Rubio. Tras meses defendiendo que ella no es personaje del corazón y que aborrece el ruido mediático, la sobrina de Carmen Borrego ha vuelto a ejercer de portavoz de los intereses financieros de su pareja. El detonante ha sido la última embestida de Laura Matamoros, quien no ha dudado en señalar que el verdadero problema de Alejandra es «de ego» y que, con su defensa ultranza del hijo de Mar Flores, solo se está haciendo «un flaco favor a sí misma».
La excusa de la «gravedad» para pasar por caja
Lejos de cumplir su promesa de silencio, Alejandra ha calificado las palabras de su prima política como una «provocación», pero ha bendecido la decisión de Carlo Costanzia de regresar este viernes al prime time de Telecinco. Ante la lógica pregunta de Paloma Barrientos sobre si no sería más higiénico cortar el bucle y que Carlo no apareciera mañana, la hija de Terelu ha tirado de manual de blanqueamiento: «Está muy bien que él se siente y lo aclare porque le han acusado de cosas muy graves, no estamos hablando de cualquier tontería».
Este argumento cae por su propio peso. Lo que Alejandra pretende vender como una «necesidad de justicia» es, en realidad, la excusa perfecta para que el engranaje del negocio familiar no se detenga. Mientras haya dinero sobre la mesa, la supuesta «gravedad» de las declaraciones de los Matamoros se convierte en el combustible ideal para justificar que Carlo vuelva a cobrar por hablar de sus intimidades, tomándole el pelo a una audiencia que ya conoce de sobra la dinámica de este intercambio de golpes televisados.
El silencio selectivo de la prima de José María Almoguera
Resulta paradójico que alguien que dice querer «quedarse al margen» del conflicto sea la primera en sentar las bases de la próxima polémica. Alejandra Rubio juega al despiste: por un lado, se desmarca de los ataques de Laura y Diego Matamoros, pero por otro, valida la estrategia de su pareja para seguir facturando. En este tablero, la gravedad de las acusaciones solo parece importar cuando sirve como pasaporte para un plató.
¿Hasta cuándo intentará Alejandra Rubio convencernos de que su entorno no vive del escándalo? Mañana se sentará Carlo, la próxima semana responderán los Matamoros y, entre tanto, ella seguirá en su silla de ‘Vamos a ver’ intentando convencernos de que todo esto es por «honor» y no por el cheque que acompaña a cada «aclaración».
