El fenómeno urbano más rentable que ha dado España en la última década ha dejado escapar, casi sin pretenderlo, una confesión que ha encendido de golpe a la industria musical de dos continentes. Quevedo, el artista canario que convirtió su voz rota y su autotune en un imperio planetario, ha reconocido en público que sueña con debutar en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, el certamen más venerado y a la vez más temido de toda Latinoamérica. Y lo ha hecho lejos de casa, en Chile, ante las cámaras de CHV Noticias, con una frase tan escueta como reveladora: «Me encantaría, la verdad. Quizá sea pronto».
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La declaración, soltada con aparente naturalidad en el espacio Conversaciones de Pasillo, está muy lejos de ser anecdótica. Pisar la mítica Quinta Vergara es, para cualquier intérprete que cante en español, una consagración de un calibre distinto al de llenar estadios, porque allí no basta con vender entradas: hay que conquistar a un público entregado y despiadado a partes iguales, el célebre «monstruo» viñamarino, capaz de aupar a un artista a la gloria o de devorarlo en directo. Que uno de los nombres más escuchados del mundo confiese que ese escenario le quita el sueño es, en sí mismo, una noticia que en España apenas ha tenido eco y que dibuja las ambiciones del canario para los próximos años.
Una confesión hecha en el país que lo trata como a uno de los suyos

No es casualidad que Quevedo eligiera precisamente Chile para verbalizar su deseo. El intérprete presume de una relación sentimental con el país austral que ha alimentado a base de visitas y llenos consecutivos, y así lo dejó claro en la misma conversación: «Chile me encanta, tanto el país, la comida, como su público y cómo me recibe aquí la gente». En esa misma línea, el artista reconoció que uno de sus objetivos inmediatos pasa por regresar al Movistar Arena de Santiago, uno de los recintos donde ha cosechado algunos de los recibimientos más calurosos de toda su carrera internacional.
El músico aprovechó la entrevista para hablar también de su momento creativo, que ha querido plantear como un viraje íntimo después de años de vértigo y de giras interminables por medio planeta. Su trabajo más reciente lo define, sin rodeos, como un regreso a los orígenes: «Para mí este álbum es como un regreso a casa en todos los sentidos», explicó, antes de subrayar que necesitaba «volver a conectar conmigo mismo, con mi tierra, con mi gente, con mi familia». Una declaración de intenciones que sitúa a su Gran Canaria natal en el centro emocional de su nueva etapa y que contrasta con la dimensión colosal que ha alcanzado su figura.
Del pelotazo mundial de «Quédate» al artista que pulveriza récords
Conviene recordar de dónde viene el hombre que ahora mira a Viña del Mar. Pedro Domínguez Quevedo, nacido en Madrid en diciembre de 2001 y criado desde niño en Gran Canaria, irrumpió en el verano de 2022 con «Quédate», la sesión junto al productor argentino Bizarrap que se coronó como canción del estío y que llegó a superar en escuchas a titanes como Rosalía, Bad Bunny o Harry Styles. Aquel bombazo, lejos de ser un fogonazo pasajero, fue el pistoletazo de salida de una carrera meteórica sostenida sobre una fórmula muy personal: la fusión del trap, el reguetón, el hip hop y los sonidos latinos con una voz reconocible entre mil.
La consagración definitiva llegó en noviembre de 2024 con «Buenas Noches», su segundo álbum de estudio, un disco que pulverizó el récord de Spotify en España al acumular 12,2 millones de reproducciones en sus primeras veinticuatro horas de vida. Con semejante trayectoria a sus espaldas y aún sin haber cumplido los veinticinco años, el salto al escenario de la Quinta Vergara se antoja menos una quimera y más una cuestión de tiempo y de agenda.
Una cita marcada en rojo en el calendario latino
El guiño del canario cae, además, en un momento especialmente goloso para el certamen chileno. La próxima edición del Festival de Viña del Mar, la número sesenta y seis, ya tiene fechas confirmadas y arrancará el viernes 19 de febrero de 2027 con la tradicional Gala, en una etapa marcada por el relevo en la organización y la producción del evento. Todo ello convierte el deseo expresado por Quevedo en una pieza que la maquinaria promocional del festival y sus propios seguidores seguirán con lupa, a la espera de que ese «quizá sea pronto» se transforme algún día en una fecha firme sobre el papel. Por ahora queda la confesión, hecha a miles de kilómetros de la Península y con el cariño de un público que ya lo considera algo suyo, de que el sueño viñamarino existe y late con fuerza en uno de los artistas más determinantes de su generación.
