Tania Llasera ha contado en A solas con, el podcast de Vicky Martín Berrocal, que la televisión dejó de contar con ella después de la maternidad y que «el teléfono dejó de sonar cuando fui madre, estaba más gorda y ya no era sexy».
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La maternidad, el cambio de peso y el final de las ofertas

Tania Llasera, que durante años figuró entre los rostros más solicitados de la pequeña pantalla gracias a formatos como Fama ¡A bailar! o Vuélveme loca, situó el declive de su carrera televisiva en el momento en que nacieron sus hijos y describió la imagen que, a su juicio, había dejado de encajar en los despachos de las cadenas: «No era ya esa chica joven de horario golfo con faldas imposibles». Casada con el empresario Gonzalo Villar, es madre de José, nacido en enero de 2016, y de Lucía, que vino al mundo en septiembre de 2017, y lamentó ante su anfitriona que, a partir de entonces, «te vuelves invisible y dejan de ofrecerte cosas».
Llasera atribuyó el aumento de peso a la decisión de abandonar el tabaco y explicó que «me cambió el cuerpo porque dejé de fumar y comía compulsivamente para matar muchas emociones feas». Durante la conversación relató, asimismo, que acudió a terapia durante más de una década y que necesitó la ayuda de una psicóloga para asimilar una realidad profesional alejada de los focos. En la actualidad asegura quererse tal y como es, y lo formuló sin matices: «Estoy superbuena y me abrazo con todas mis cosas».
Quería ser actriz y empezó organizando castings

Al repasar sus orígenes, la comunicadora reconoció que su verdadera vocación era la interpretación y que quiso «ser actriz hasta que me di cuenta de que no tenía talento». Su entrada en el medio llegó por la vía de la producción, primero «organizando castings», hasta que dio el salto al plató porque, según contó, «vi que se ganaba más dinero delante de las cámaras, así que me lancé». Recordó también que ya en esa etapa «me pidieron que adelgazara» y añadió: «Así funcionaba esto».
Preguntada al inicio de la entrevista por cómo se ve a sí misma, Llasera respondió que tiene «la conciencia limpia», que es «buena gente» y que le gusta cómo es, y dejó también una broma sobre la estabilidad de su vida familiar: «El secreto de mi éxito es estar lejos de mi madre y de mi suegra». La charla con Martín Berrocal recorrió además la presión estética que soportó en televisión y la libertad que, según la presentadora, encontró después en las redes sociales.
Admite que «la cagó» con su vídeo sobre Lindsay Clancy
En el mismo episodio, Llasera se refirió a la polémica en la que se vio envuelta el pasado verano por un vídeo en el que mostraba su empatía hacia Lindsay Clancy, la enfermera estadounidense acusada de matar a sus tres hijos. «Soy una bocachancla», reconoció, «la cagué y pedí perdón». En aquella grabación había dicho que «todas las madres» han vivido algún «momento horrible en el cual te sientes superada», y tras el aluvión de críticas puntualizó que «empatizar no es justificar. Intentar comprender el sufrimiento, la desesperación o la oscuridad en la que pudo encontrarse no borra el daño ni la tragedia de los niños».
Aquella polémica terminó con la presentadora pidiendo perdón en agosto por su vídeo y denunciando amenazas de quitarle la custodia de sus hijos tras varios días de silencio en redes, en una grabación en la que defendió que el mensaje de fondo de sus palabras era la salud mental. En abril ya había hablado de las cláusulas sobre el físico que imponían las cadenas y de la presión de las farmacéuticas para que adelgazara.
