La pareja formada por Sofía Suescun y Kiko Jiménez ha vuelto a situarse en el ojo del huracán mediático tras compartir un vídeo de su rutina diaria. Lo que comenzó como una publicación para mostrar su compra semanal de alimentos ha derivado en una oleada de ataques en redes sociales, donde el foco de las críticas no ha sido el contenido de su cesta, sino la naturaleza del establecimiento elegido por los influencers.
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Una compra semanal empañada por el odio en redes
La polémica estalló de forma inmediata tras la difusión de las imágenes en las que se veía a la pareja adquiriendo productos en una tienda Halal, regentada aparentemente por personas de origen marroquí. De forma automática, sus perfiles se inundaron de comentarios con tintes racistas y xenófobos que cuestionaban la elección del comercio con insultos de extrema gravedad hacia los regentes y hacia la propia pareja por fomentar este tipo de establecimientos.
Sofía y Kiko apoyando el pequeño comercio y haciendo una compra SANA
— Ouail💫 (@OuailSuesKING_) April 7, 2026
Que aprendan ciertos influencers pic.twitter.com/HKHlcX7dhQ
Además del componente discriminatorio, algunos usuarios han puesto en duda la autenticidad del apoyo de Sofía y Kiko al comercio de proximidad. Tras haber sido criticados recientemente por mostrar una compra en Mercadona, varios internautas sugieren que esta nueva publicación responde exclusivamente a un interés económico o publicitario oculto, llegando a afirmar que «apoyan estos comercios a cambio de dinero». A estas quejas se han sumado reproches sobre la higiene, señalando que en varios momentos del vídeo manipulaban los alimentos sin utilizar guantes.
La contundente respuesta de Kiko Jiménez ante la intolerancia
Lejos de guardar silencio ante el aluvión de ataques, Kiko Jiménez ha utilizado sus historias de Instagram para expresar su asombro y decepción por la deriva de los comentarios. El colaborador televisivo ha defendido la intención pedagógica de su contenido, centrada en el consumo de «alimentos de verdad» y en el respaldo activo al pequeño comercio frente a las grandes superficies.
«Estoy alucinando con la cantidad de comentarios que ha generado este vídeo en apenas un día. Menos mal que hay gente normal que se queda con el mensaje», escribía Jiménez, calificando las actitudes racistas como un retroceso social. A pesar del ruido, muchos de sus seguidores han salido en su defensa, afeando la hipocresía de quienes critican el origen de los comercios locales mientras consumen productos de importación en supermercados industriales y aplaudiendo la visibilidad dada a los negocios de barrio.
El precio de la exposición constante
Este nuevo episodio refleja la vulnerabilidad de las figuras públicas en el entorno digital, donde cualquier acto cotidiano, como hacer la compra, puede convertirse en un campo de batalla ideológico. Según el medio 20minutos, esta no es la primera vez que la pareja se enfrenta a juicios severos por su consumo doméstico, demostrando que su estilo de vida es analizado con lupa por una audiencia cada vez más polarizada.
El cierre de esta controversia deja patente que, para Sofía y Kiko, la prioridad sigue siendo generar contenido que «sume», ignorando aquellas voces que, en palabras del propio Jiménez, solo buscan restar o retroceder. En un mundo hiperconectado, la pareja opta por centrarse en los mensajes de apoyo de su «gente normal» mientras navegan por las constantes turbulencias de la opinión pública española.
