Pep Guardiola ha explicado hoy, en una de las entrevistas más personales que ha dado nunca, por qué ha decidido apagar el cronómetro que ha marcado su vida desde niño. El técnico catalán, que dejó el banquillo del Manchester City hace apenas unas semanas, ha revelado en el podcast ‘OKX’ que ha rechazado ofertas de selecciones como Italia o Países Bajos para volver a algo que llevaba tres décadas postergando: el tiempo junto a su padre, Valentí Guardiola, de 95 años. Nada de tácticas ni de fichajes: la conversación gira entera en torno a la familia y al tiempo que ya no se recupera.
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«Hasta hace un mes, mi vida ha sido fútbol»: la pregunta que lo cambió todo

En la entrevista, Guardiola reconoce que su vida entera, desde que era un crío en Santpedor, ha girado en torno a un balón. «Desde que era un niño en mi pequeño pueblo mi vida ha sido fútbol y fútbol, hasta hace un mes», admite el técnico, que a sus 56 años detalla en el podcast que, tras una década en Inglaterra marcada por partidos cada tres días, concentraciones y viajes constantes, llegó a hacerse una pregunta que, según cuenta hoy, nunca antes había tenido tiempo de formularse: «¿Por qué no intento descubrir la vida o ser feliz o ser completo como ser humano, haciendo otras cosas, no solo relacionadas con el fútbol?».
Esa pregunta, explica en la conversación, fue la que le llevó a decir que no a los banquillos internacionales que sonaban para él y a tomarse una pausa que, precisa, no tiene fecha de caducidad fijada. Preguntado directamente si echa de menos el día a día de un vestuario, Guardiola es tajante en el podcast: «¿Lo echo de menos? La respuesta es no». Eso sí, no cierra la puerta del todo: reconoce que dentro de unos meses podría volver a escuchar la llamada de algún proyecto «imposible de rechazar», aunque insiste en que hoy por hoy esa no es su prioridad.
Valentí Guardiola, el padre que le enseñó a no ser Pep sino José

El motivo concreto de la pausa tiene nombre propio, y Guardiola lo pone encima de la mesa sin rodeos: «Mi padre tiene 95 años y sigue aquí. Quiero estar más tiempo con él, con mis hermanas y con mi hermano», confiesa en la entrevista. Cuenta también un detalle que retrata cómo vive la fama en su propia casa: en Santpedor nunca ha sido «Pep» sino «José«, el nombre con el que le conocen desde niño y que, según explica, el propio entrenador se encargó de dejar claro desde el principio, para que dentro de las cuatro paredes de su casa no entrara el personaje público que sigue medio mundo.
Valentí Guardiola, al que su hijo describe como su mayor fan, le ha repetido el mismo consejo durante toda la vida, ajeno por completo a los títulos que fuera acumulando en cada banquillo: «Sé una buena persona, sé amable con la gente siempre». Guardiola reconoce hoy que es precisamente eso lo que más le importa escuchar de él, por delante de cualquier balance deportivo, y que ese consejo es el que ha terminado pesando más que cualquier oferta sobre la mesa a la hora de decidir este parón.
«No me hace feliz contar trofeos»: los hijos y la nueva prioridad
Con 41 títulos oficiales, tres Champions League, doce ligas y dos tripletes continentales acumulados a lo largo de su carrera, Guardiola podría vivir instalado en el recuerdo de sus éxitos si quisiera. En el podcast, sin embargo, deja claro que su felicidad nunca ha estado ahí: «No me hace feliz contar trofeos. Lo que recuerdo son las experiencias humanas, los momentos vividos con la gente», explica, en una reflexión que retrata mejor que cualquier palmarés por qué ha decidido parar precisamente ahora, en la cima y sin que nadie se lo exigiera.


Ese cambio de prioridades pasa también por sus tres hijos —María, de 25 años; Màrius, de 23; y Valentina, de 17—, nacidos durante su matrimonio con la empresaria y diseñadora Cristina Serra, de quien Guardiola se había separado a comienzos de 2025 tras más de tres décadas de relación (una ruptura de la que este periódico ya informó cuando, meses después, ambos escenificaron una reconciliación en Manchester).

Guardiola quiere ahora, según cuenta en la entrevista, recuperar el tiempo junto a sus hijos y estar mucho más presente en su día a día, algo que reconoce que la exigencia de un banquillo de primer nivel le había impedido hasta ahora.
