Javier Tudela se ha llevado el susto del verano, y no precisamente por una ola gigante. El hijo de Makoke denuncia que, durante sus vacaciones en Ibiza, un restaurante pretendió cobrarle la friolera de 1.200 euros por un simple plato de espaguetis con langosta. El influencer, que asegura sentirse «víctima de un atraco», ha estallado contra una isla que, en su opinión, se ha convertido en un destino solo apto para millonarios.
Te recomendamos

Escassi reacciona con sorna al nuevo novio de Sheila Casas, un empresario que es casi su clon: «Como se parezca a mí, pobrecito»

Bertín Osborne se defiende de la lista de morosos enseñando el justificante: su entorno asegura que saldó con Hacienda casi un millón de euros en abril

Olga Moreno reaparece pegada a Rocío Flores y presume del vínculo intacto con los hijos de Antonio David: de los abrazos a quemar la pista de baile

Isabel Pantoja desafía a su sobrina Anabel y ficha como jefe de prensa al periodista que la familia llevó a los tribunales

Irse de vacaciones se ha vuelto, en los tiempos que corren, un privilegio que no todos los bolsillos pueden permitirse, y la isla pitiusa es el mejor ejemplo de ello. Durante los meses de verano, Ibiza se transforma en el rincón del planeta con más vips por metro cuadrado, un imán de famosos nacionales e internacionales que algunos negocios aprovechan para hacer su particular agosto. En ese contexto se enmarca la insólita anécdota que ha protagonizado Javier Tudela y que ha dado la vuelta a las redes, convertida ya en símbolo del desorbitado encarecimiento de un paraíso que se le ha atragantado.
Un plato de pasta que terminó en sobresalto
Todo se torció cuando llegó la cuenta. El influencer relató desde el plató de Vamos a Ver, programa de Telecinco con el que conectó este martes mientras seguía en la isla, que el dichoso plato se lo recomendó el propio chef, como suele ocurrir con la pasta con langosta. «Sé lo que pedí y miré el precio de la carta, pero me di cuenta de que la pasta con langosta es lo típico que te aconseja el chef», explicó. Precavido, asegura que incluso preguntó por el importe antes de lanzarse: le dijeron que el precio iba «según los gramos, unos 40 o 50 euros el plato», una cifra razonable que nada tenía que ver con la factura final que le pusieron sobre la mesa.
La sorpresa, por tanto, fue mayúscula. «Ahí me di cuenta de que me engañaron, porque el peso de la langosta no era el de la subcampeona del mundo de la historia de las langostas, sino que era una langosta muchísimo más normal que esto», ironizó, dejando claro que el marisco no justificaba ni de lejos semejante dispendio. Más allá del bocado concreto, Javier Tudela aprovechó su intervención para denunciar una tendencia que considera ya generalizada en la isla: la de unos restaurantes y negocios que han disparado sus precios para exprimir al máximo a los turistas adinerados, dejando sin apenas opciones al visitante español de a pie que tanto tiempo lleva ahorrando para sus vacaciones.
Una cruzada contra los precios de Ibiza y un adiós anunciado
No es la primera vez que el creador de contenido se rebela contra la carestía de la isla. Apenas unos días antes ya había puesto el grito en el cielo al lamentar que sentarse en cualquier terraza del puerto supusiera pagar 12 o 15 euros por una simple cerveza, en una defensa de la «Ibiza auténtica» que ahora cobra todo el sentido. Tras el episodio de los espaguetis, su veredicto ha sido tajante: piensa dejar de veranear allí, como venía haciendo los últimos años. «Quiero ir a algún sitio al que podamos ir, porque me he dado cuenta de que una semana en Ibiza cuesta prácticamente unos 2.000 euros. Por ese precio te puedes ir a un sitio mucho mejor», sentenció, antes de anunciar su nuevo rumbo veraniego: «El norte es espectacular. En agosto me voy a Galicia a casa de un amigo».
Resulta llamativo el desencanto, porque pocas familias están tan ligadas a la isla como la suya. Sin ir más lejos, su madre, Makoke, se daba el «sí, quiero» en la propia Ibiza este mismo mes de junio, con Javier ejerciendo de padrino en una celebración por todo lo alto. Que uno de sus rostros más fieles reniegue ahora del enclave dice mucho de hasta qué punto se ha disparado el coste de disfrutarlo. Eso sí, el influencer no pierde la fe en el turismo nacional y reivindica los encantos del norte peninsular, demostrando que, a veces, el mejor plan no es el más caro, sino aquel en el que la cuenta no te deja en shock al llegar a los postres.
