Isabel Pantoja vuelve a situarse en el ojo del huracán, y esta vez por una decisión que ha caído como un jarro de agua fría sobre su propia familia. La tonadillera, empeñada en lavar una imagen pública muy tocada, ha fichado como jefe de prensa a Fran Fajardo, el periodista al que su sobrina Anabel Pantoja demandó. Un movimiento que en el entorno se interpreta, directamente, como un golpe bajo.
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Que el nombre de Isabel Pantoja vaya pegado a la polémica no es ninguna novedad. Desde hace décadas, cada paso de la cantante genera titulares, y las últimas semanas no han sido una excepción. El detonante fue la cancelación de su concierto en el Icónica Santalucía Sevilla Fest, donde tenía previsto poner el broche a su gira. La cita se torció primero cuando Il Divo se bajó del cartel de forma unilateral y, después, cuando fue la propia artista quien anunció su plantón a los fans, lo que ha llevado a la organización a emprender acciones legales para reclamarle los 120.000 euros que habría cobrado en concepto de caché.
Una imagen tocada que urge reparar
El escándalo ha agravado la desconfianza del público hacia la cantante, instalando la sospecha de un nuevo desplante. Consciente del descalabro, Isabel Pantoja ha decidido cambiar de estrategia y profesionalizar su relación, históricamente tensa y distante, con los medios. La idea es mantener un contacto más directo y fluido, dar las explicaciones oportunas y evitar que sean otros quienes dominen el relato sobre ella. Hasta ahí, una decisión de manual. El problema llega con la elección del nombre encargado de pilotar esa operación.
Fran Fajardo, el periodista que Anabel llevó a los tribunales

La controversia se dispara porque el elegido es Fran Fajardo, jefe de tribunales de Canarias7 y responsable, según se ha publicado, de revelar información sensible sobre la investigación judicial que afecta a Anabel Pantoja y a su pareja, el fisioterapeuta David Rodríguez. El origen de ese procedimiento se remonta al ingreso hospitalario de la pequeña Alma, la hija de la pareja, que permaneció cerca de un mes en el hospital. Un informe forense apreció signos que relacionó con un presunto «zarandeo violento» y, ante las incongruencias entre ese parte y el testimonio de los progenitores, se abrió una investigación por un posible caso de maltrato infantil que ambos siempre han negado. Precisamente por la filtración de datos sensibles del caso, la influencer y su pareja terminaron demandando al periodista.
De ahí que el fichaje haya sentado como un mazazo. Que Isabel Pantoja contrate justamente a quien su sobrina considera un adversario es leído por muchos como una declaración de intenciones, una manera de marcar distancias con una Anabel a la que antaño presumía de tener como una hija.
El distanciamiento entre tía y sobrina

La reacción de la influencer no se ha hecho esperar, aunque haya optado por la contención. Según trasladó Adriana Dorronsoro en Vamos a Ver tras hablar con ella, Anabel Pantoja no ha querido entrar al trapo y prefiere mantenerse al margen de una elección tan incómoda, si bien deja claro que no comparte en absoluto la decisión de su tía. En el plató no faltó quien calificara el movimiento de auténtico «golpe bajo» y prueba de que la relación entre ambas ya no atraviesa su mejor momento. No en vano, hace tiempo que tía y sobrina han dejado de exhibir aquel vínculo cómplice que tan a menudo mostraban en público.
Con este nuevo episodio, Isabel Pantoja demuestra que está dispuesta a todo por recomponer su imagen, aunque sea a costa de ahondar en la grieta que la separa de su propia familia. Una jugada arriesgada que, lejos de calmar las aguas, promete alargar el culebrón durante semanas.
