El caso lleva casi tres años sin novedades públicas, pero EL ESPAÑOL ha conocido un movimiento que puede cambiarlo todo: se ha contratado a una nueva figura de mediación para que Julio Iglesias y Javier Santos hablen y acerquen posturas. No es la primera vez que alguien intenta tender ese puente entre padre e hijo, pero quienes conocen el proceso de cerca aseguran que esta persona, de origen español, es «la más eficiente y discreta hasta la fecha». El periódico se puso en contacto con Fernando Osuna, abogado de Javier, para confirmar el dato, y el letrado corroboró que efectivamente existe ya un nuevo mediador trabajando en el caso.
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Osuna no quiso dar más detalles sobre la identidad de esta persona ni sobre en qué fase se encuentra el acercamiento, pero sí dejó una frase que resume el optimismo con el que su cliente afronta este nuevo capítulo: «No hay que perder la esperanza. La situación puede cambiar muy pronto. Ojalá así sea». Una persona cercana a Julio Iglesias, consultada por el mismo medio, matiza que el cantante nunca se ha negado por completo a colaborar, aunque reconoce que «este tema de la paternidad se ha gestionado muy mal». Lo que sí ha disgustado profundamente al artista, según esa misma fuente, es que Javier y su madre hayan recurrido en el pasado a los medios de comunicación para exponer el caso.
Fernando Osuna: «Nunca le ha interesado el dinero»
El abogado de Javier Santos ha insistido en que su cliente no busca ningún tipo de compensación económica en este proceso, solo el reconocimiento de un vínculo que da por hecho desde niño. «Javier tiene una tranquilidad absoluta en cuanto a su origen genético. Ya sabe que tiene un padre y que ese padre es Julio Iglesias. Ahí está muy tranquilo y muy seguro. Ahora lo que él y todos deseamos es que la justicia respalde esa verdad científica», explicó Osuna. El letrado defiende que la ciencia debería pesar más que cualquier tecnicismo procesal en un caso que, insiste, ya tiene una respuesta clara: «Es hijo de Julio Iglesias. Hay muchísimas sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en las que se mantiene que prevalece la verdad genética frente a cuestiones de cosa juzgada u otras cuestiones formales».
Sobre el argumento legal que en su día tumbó la sentencia que reconocía la paternidad, Osuna es tajante: no debería aplicar. «Aquí, en este caso, no hay cosa juzgada, porque hace aproximadamente 30 años quien planteó esta demanda era la madre de Javier, cuando él era pequeño. Ahora que tiene la mayoría de edad, está en su derecho de reclamar», sostiene el abogado, que lleva años defendiendo la misma tesis ante los tribunales españoles y, ahora, ante organismos internacionales.
Una batalla judicial de más de dos décadas
Javier Sánchez Santos sostiene ser hijo de Julio Iglesias, fruto de una relación que su madre, María Edite Santos, dice haber tenido con el cantante en 1975. En 2019, un juzgado de Valencia declaró que Javier era efectivamente hijo biológico del artista, pero en 2020 el TSJCV revocó esa sentencia alegando cosa juzgada, al existir una demanda previa de los años noventa presentada por su madre. Desde el año 2022 nada se había sabido de este interminable proceso: fue entonces cuando EL ESPAÑOL informó, a través del letrado Fernando Osuna, de que el caso de Santos iba a llegar a la ONU, recurriendo por una supuesta «infracción de Derechos Humanos». No es la primera vez este verano que la vida familiar de Julio Iglesias ocupa titulares: en julio fue Guillermo, el más secreto de sus hijos reconocidos, quien rompía su anonimato en Marbella.
El nuevo movimiento del mediador llega en un verano especialmente convulso para Julio Iglesias, que pasa la temporada entre Bahamas y Punta Cana sin previsión de pisar España. El cantante, de 82 años, está centrado sobre todo en defender su inocencia frente a la acusación de dos extrabajadoras que le señalan por presunta agresión sexual y trata de personas con fines de servidumbre, además de otros posibles delitos relacionados con acoso y lesiones -unos hechos que el artista niega y que su entorno asegura que no le van a hacer descansar «hasta que se haga justicia». En paralelo, Iglesias trabaja en un proyecto audiovisual sobre su vida y su obra, mientras el caso de su hijo no reconocido vuelve, después de tres años de silencio, a moverse por la vía de la mediación en lugar de la judicial.
