Dos años sin que su nombre apareciera junto al de nadie. Ese es el tiempo que Vicky Martín Berrocal lleva blindando su vida sentimental desde que se rompió su última relación conocida, y ese es exactamente el silencio que se ha roto este miércoles: la diseñadora sevillana habría recuperado la ilusión junto a Javier Cabrera, empresario malagueño de 51 años y consejero delegado de una compañía tecnológica con presencia internacional. La información, adelantada por Vanitatis, no llega acompañada de confirmación: desde el entorno de la empresaria ni confirman ni desmienten, y aseguran desconocer si existe una relación entre ambos.
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El escenario donde se habría hecho visible esa complicidad tiene nombre, fecha y coordenadas. El fin de semana del 11 de julio, Cabrera celebró su 51 cumpleaños rodeado de familiares y amigos en su finca Pozo Ancho, en Antequera (Málaga). Entre los invitados estaba la diseñadora. Según relatan varios asistentes, ambos compartieron buena parte de la celebración y mostraron una cercanía que no pasó desapercibida para el resto de los presentes, aunque evitaron en todo momento las muestras públicas de afecto. Fueron los gestos, las conversaciones y esa manera de permanecer juntos lo que hizo que los demás invitados interpretaran la escena como el reflejo de una relación que podría estar dando sus primeros pasos.
Quién es Javier Cabrera: un apellido de peso lejos de los focos

El nombre no dirá nada al lector de crónica social, y esa es precisamente su característica principal. Javier Cabrera es consejero delegado de Grupo Solar Lighting (GSL), una de las compañías españolas con mayor proyección en el sector tecnológico y energético, especializada en soluciones para la monitorización y la gestión de incidencias en las redes eléctricas. Es una tecnología poco glamurosa y muy rentable, que ha despertado el interés de operadores energéticos dentro y fuera de España y que ha permitido a la empresa consolidar presencia en mercados internacionales. Su perfil, alejado por completo de la exposición mediática, contrasta de forma casi cómica con la popularidad de la mujer con la que ahora se le relaciona.
Detrás de él hay, además, una de las familias empresariales más relevantes de Andalucía. Los Cabrera Braquehais, de origen sevillano, levantaron su patrimonio con Sistem Melesur, una ingeniería especializada en infraestructuras eléctricas que durante décadas fue uno de los principales socios industriales de Endesa y Red Eléctrica para el mantenimiento y el desarrollo de redes en el sur del país. El salto definitivo llegó con la venta de esa compañía al grupo francés Vinci por una cifra cercana a los 60 millones de euros. Y ahí está la jugada que explica el presente: antes de cerrar la operación, la familia decidió reservarse el activo con más recorrido, el negocio de renovables y desarrollo tecnológico, que quedó integrado bajo el holding que hoy dirige. No vendieron el futuro; vendieron el pasado.
Dos años de silencio desde Enrique Solís

Para entender por qué esta información tiene recorrido hay que mirar el calendario sentimental de la diseñadora. Su última relación conocida fue con el empresario Enrique Solís, un romance que apenas se prolongó cuatro meses y que terminó en mayo de 2024. Desde entonces, y son ya más de dos años, Vicky Martín Berrocal no había vuelto a ser vinculada sentimentalmente con nadie, algo insólito tratándose de una de las mujeres más fotografiadas del panorama social español. Nunca ha ocultado que sigue creyendo en el amor ni se ha cerrado a encontrar pareja, pero hasta ahora no había trascendido ninguna historia estable, y esa discreción ha sido una constante deliberada de su vida privada en los últimos años.
Esa reserva convive, sin embargo, con una honestidad que la propia diseñadora ha exhibido cuando ha querido hablar. En el último episodio de la temporada de su pódcast ‘A solas con…’ abrió como pocas veces la puerta a su intimidad y reconoció que el amor ha sido una de sus grandes asignaturas pendientes. «He sufrido toda la vida. Eso es un tema mío, vengo de dónde vengo y venimos de dónde venimos. No he sabido gestionar el amor», confesó. En esa misma conversación reflexionó sobre cómo ha evolucionado su forma de entender las relaciones con el paso del tiempo y admitió haber aprendido que el enamoramiento es una etapa pasajera que, al menos en su caso, no siempre desemboca en algo duradero. Escuchada hoy, con la información de este miércoles encima de la mesa, esa confesión suena a declaración de intenciones.
Un patrón que se repite y un silencio que dice mucho
Hay un detalle que no se le escapará a nadie que siga su trayectoria: el perfil del hombre. Enrique Solís era empresario. Antes lo fue otro nombre del mismo mundo. Ahora aparece un consejero delegado con una compañía tecnológica detrás y un apellido con décadas de peso industrial en Andalucía. No se trata de reducir la vida sentimental de nadie a una estadística, pero sí de constatar que la diseñadora se mueve, también en lo personal, en el mismo ecosistema en el que trabaja: el de los despachos andaluces, las fincas de campo y las celebraciones familiares lejos de los reservados de Madrid. Antequera, en ese sentido, encaja mucho mejor con ella que cualquier terraza de Ibiza.
Queda por ver qué hacen ahora los protagonistas, y todo apunta a que la respuesta sea no hacer nada. El «ni confirmamos ni desmentimos» del entorno de la empresaria no es una fórmula neutra: es la manera educada de pedir tiempo y de evitar que una relación que, en el mejor de los casos, está dando sus primeros pasos, se convierta en un asunto público antes de haberse asentado. Él tiene aún menos motivos para pronunciarse, porque su vida transcurre entera fuera del foco y nada gana entrando en él. Si la historia se consolida, acabará viéndose: en un posado involuntario, en una boda de las que reúnen a media Andalucía o en el próximo cumpleaños en Pozo Ancho. Y si no se consolida, este miércoles habrá sido solo el día en que se supo que Vicky Martín Berrocal volvía a ilusionarse. Que, después de dos años, ya es noticia suficiente.
