Diego Matamoros ha dinamitado la aparente calma de la crónica social durante su comparecencia en la alfombra roja de los cines Callao de Madrid. El hijo de Kiko Matamoros, notablemente distanciado de los platós de televisión en los últimos tiempos, aprovechó el preestreno de la producción cinematográfica Toy Story 5 para conceder una reveladora entrevista a la revista Lecturas donde aireó los severos cismas que fracturan a su entorno familiar. Con un tono marcadamente hostil y carente de concesiones diplomáticas, el creador de contenido digital ratificó la ruptura absoluta y definitiva que mantiene con su primo, Carlo Costanzia, al tiempo que despachó con sorna el reciente matrimonio de Makoke, recordando las cuentas pendientes que la exmujer de su progenitor mantiene con las instituciones penitenciarias y fiscales.
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El distanciamiento entre los primos hermanos no es una cuestión coyuntural, sino una postura firmemente arraigada en el resentimiento profesional y personal. Al ser interrogado sobre un posible acercamiento hacia el actual compañero sentimental de Alejandra Rubio, el entrevistado se apresuró a clausurar cualquier vía de reconciliación, admitiendo que la nula relación que sostienen desde hace años se ha recrudecido a raíz de los graves agravios verbales y el encontronazo mediático que el actor protagonizó contra su hermana, Laura Matamoros.

La gravedad de aquel suceso, que en su día motivó que el propio influencer recomendase formalmente a su hermana interponer una denuncia judicial por la vía legal, constituye un límite infranqueable para el madrileño. El colaborador se autodefinió como una persona extremadamente inflexible a la hora de procesar las ofensas procedentes del núcleo cercano, sepultando de esta manera las expectativas del sector de la telerrealidad de Telecinco de escenificar un reencuentro en las galas de la cadena. Su postura dejó en evidencia que los lazos de consanguinidad periférica carecen de valor afectivo en su esquema vital, marcando una distancia insalvable con las polémicas que rodean a la saga Flores-Costanzia.
La firmeza exhibida contrastó con la flexibilidad demostrada en el pasado para reconstruir los puentes con su propio progenitor tras años de hostilidades públicas en los platós de Mediaset. El entrevistado justificó esta dualidad amparándose en la jerarquía directa de la paternidad, desmarcándose de cualquier obligación moral de ejercer la clemencia con el resto de parientes que orbitan en el negocio del corazón.
Ironías sobre el quirófano y los frentes financieros de la ex de su padre
La actualidad de su progenitor también ocupó un espacio relevante en la conversación de la capital. El veterano tertuliano televisivo acaba de someterse a una nueva intervención de cirugía estética, un hábito clínico que su descendiente analizó con altas dosis de sarcasmo y humor negro, comparando la resistencia física de su padre ante el bisturí con las capacidades de un vehículo todoterreno. Aunque confirmó haber mantenido contacto telefónico reciente para verificar la evolución médica favorable tras el postoperatorio, el joven bromeó abiertamente sobre el impacto visual del resultado final, ironizando con la posibilidad de encontrarse con una estampa arqueológica en su próximo encuentro presencial.
La hostilidad soterrada alcanzó su punto álgido al abordar el reciente enlace matrimonial de la colaboradora de Fiesta en aguas baleares. Negándose a emitir cualquier felicitación o deseo de prosperidad hacia la que fuera esposa de su padre, centró sus valoraciones de forma exclusiva en la delicada situación procesal de la novia, quien arrastra una condena por alzamiento de bienes y una deuda acumulada con la Agencia Tributaria que asciende a los 400.000 euros. Con un deje de desprecio, instó a la rentabilización de las exclusivas nupciales como única vía legítima para cumplir con las obligaciones del fisco, desluciendo así el envoltorio idílico de la celebración ibicenca.
«No, no tengo ninguna relación. Tampoco quiero tenerla. Después, además, sobre todo lo que hizo con Laura, aún menos», sentenció el creador de contenido al evaluar los lazos con Carlo Costanzia. Su contundencia aumentó al profundizar en los rasgos más oscuros de su temperamento frente a los suyos: «No, yo soy muy rencoroso. Soy una persona de verdad muy rencorosa, lo soy. Entonces no perdono. Lo que menos perdono es cuando es alguien muy cercano o familiar. Entonces soy súper rencoroso».
Ante la inevitable comparación con la reconciliación operada con el veterano tertuliano, el hermano de Laura marcó diferencias de sangre: «Ah, bueno, pero mi padre es mi padre. A mi padre le perdono lo que sea, es mi padre Sigue siendo de la familia. Es mi sangre. El otro no». Respecto a la reciente intervención quirúrgica del patriarca, la ironía fue la nota dominante: «Está bien. De todas formas, es como el 4×4 de los quirófanos. O sea, no he visto a un tío que se opere más que él, pero bueno. Si él es feliz, ya está. Eso es lo importante. Todavía no he visto el resultado, ya os lo contaré. Lo mismo me encuentro con la momia de Tutankamón».

Para rematar la velada, despachó las nupcias de la modelo aludiendo a sus deudas con el Estado: «No, no le tengo que decir nada. Tampoco que le vaya bien. Creo que tiene una sentencia que cumplir. Pues nada, ella verá. Que siga, que siga. Que pague, que parece que la cosa va bien».
La situación de su vida privada, tras dos años en régimen de soltería, quedó supeditada a su bienestar personal y al cuidado de sus mascotas, alejándose de las dinámicas sentimentales del circuito comercial.
