Ha decidido hablar él mismo para cortar de raíz las especulaciones, y lo que cuenta no es agradable. Bertín Osborne ha explicado en primera persona cómo está después de verse obligado a cancelar su concierto en Chamberí, y su relato tiene dos caras que conviven a duras penas: la del hombre que se niega a rendirse y la del cantante que no puede cantar. «Estoy resignado, qué le voy a hacer. Lo que quiero es librarme de esto de una vez por todas, porque es un horror», admite.
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El problema tiene un nombre concreto y unas consecuencias muy físicas: la saturación de oxígeno. «El problema es que, cuando canto, me ahogo, me asfixio. Tengo que respirar profundamente incluso para hablar. Tengo la saturación muy baja», detalla. Es decir, no se trata de una afonía ni de un cansancio pasajero: es una limitación respiratoria que le impide ejercer el oficio al que ha dedicado casi un cuarto de siglo.
«Soy muy optimista y creo que esta vez será la buena»
Pese a todo, el tono con el que lo cuenta es el de siempre, ese carácter que le ha convertido en un personaje querido incluso por quienes no comparten nada con él. «Soy muy optimista y creo que esta vez será la buena, que conseguiré dejar atrás esta historia y volveré a cantar», asegura. Y matiza que la vida, fuera del escenario, le funciona: «Puedo hacer una vida más o menos normal porque soy una máquina de hacer cosas. En fin, estoy seguro de que mejoraré».
La cronología explica por qué el revés ha pillado a todos a contrapié. Hace apenas dos semanas, el 3 de julio, actuó en la gala de aniversario de una conocida sala madrileña y allí contó que se había recuperado de la neumonía que sufrió en mayo. Todo apuntaba a que los problemas físicos quedaban atrás, y de ahí que se anunciara sin reparos el concierto de la Virgen del Carmen. Catorce días después, ha tenido que suspenderlo y volverse a su finca.
El origen de todo se remonta más atrás. El cantante lo pasó mal con la COVID y arrastró unas secuelas que parecían resueltas hace tiempo. La neumonía de mayo reabrió el frente, y aunque llegó a darse por recuperado, la realidad se ha impuesto: la saturación no acompaña y el cuerpo le avisa en cuanto intenta forzar la voz.
Una gira de despedida que se ha quedado a medias

Lo que hace el asunto más cruel es el contexto. Los conciertos de este año no eran unos cualquiera: formaban parte de su gira de despedida, con la que pensaba poner el punto final a casi veinticinco años de carrera musical. Había decidido cerrar ese ciclo por voluntad propia para centrarse en su exitoso programa de Canal Sur y en sus negocios inmobiliarios y gastronómicos. Las actuaciones estaban cerradas y el calendario, cuadrado. Ahora ese adiós ordenado se ha interrumpido a la fuerza.
Hay una diferencia enorme entre retirarse cuando uno quiere y que te retire el cuerpo, y ahí está el fondo de su frase sobre librarse «de una vez por todas». No es solo la molestia de suspender un bolo: es la posibilidad de que la despedida planeada durante meses termine sin el último acto.
El campo, el refugio y el hotel que viene
Tras unos días en Madrid, ha regresado al sitio donde de verdad se encuentra bien: la Hacienda San José, su finca de Alcalá de Guadaíra, a un cuarto de hora de Sevilla, donde pasará el verano. Allí hace ejercicio a diario, monta a caballo y recibe a los suyos. Él lo resume mejor que nadie: «No soy hombre de asfalto. Me gusta levantarme aquí, en mi casa de Sevilla; montar a caballo; organizarme en este escenario, y que vengan los amigos y la familia. Este es mi mundo y aquí es donde soy feliz».
Esa propiedad, de casi cincuenta hectáreas y seis edificios, es también su próximo proyecto y uno de los que más ilusión le hacen: quiere reconvertir parte de ella en hotel. La casa principal es una antigua almazara del siglo XVIII que fue reformando a su gusto, y ha servido de escenario para recibir a decenas de personajes en Mi casa es la tuya. La finca cuenta con piscina, porche de barbacoas, pista de pádel, capilla para ceremonias y una zona habilitada para los caballos, en la que quiere ofrecer actividades ecuestres. Eso sí, no todo el conjunto se abrirá al público: una parte seguirá siendo de uso privado.
Conviene desmentir de paso un rumor que circuló en su momento: llegó a decirse que pretendía vender la propiedad, y él mismo ha aclarado que esa decisión nunca estuvo entre sus planes. El plan es justo el contrario, quedarse y abrirla. Mientras tanto, toca esperar a que la saturación suba y la voz vuelva. «Esta vez será la buena», insiste. Ojalá tenga razón.
