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Teatro Lara


Hay teatros que son edificios y teatros que son emblemas. El Teatro Lara, en pleno corazón del madrileño barrio de Malasaña, pertenece a la segunda categoría: una sala íntima inaugurada en 1880 que ha sobrevivido a la demolición, a las crisis y al paso de los siglos para convertirse en…

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Todo sobre Teatro Lara

Hay teatros que son edificios y teatros que son emblemas. El Teatro Lara, en pleno corazón del madrileño barrio de Malasaña, pertenece a la segunda categoría: una sala íntima inaugurada en 1880 que ha sobrevivido a la demolición, a las crisis y al paso de los siglos para convertirse en uno de los escenarios más queridos de la capital, cuna de éxitos teatrales que después han saltado al cine y a la cultura popular. La bombonera de Don Cándido El recinto fue levantado por iniciativa de Cándido Lara, un empresario madrileño que financió su construcción, y abrió sus puertas el 3 de septiembre de 1880. Inspirado en el estilo francés del siglo XIX, nació como un teatro burgués de aire aristocrático, conocido popularmente como la bombonera de Don Cándido por sus reducidas y coquetas dimensiones. Por su escenario pasaron dramaturgos de la talla de Jacinto Benavente, que estrenó allí Los intereses creados en 1907, y figuras como la actriz Lola Membrives, cuyo nombre da hoy a una de sus salas. Del cierre al renacimiento El teatro atravesó momentos críticos a lo largo del siglo XX. Llegó a estar amenazado de derribo y cerró en los años ochenta, en plena crisis del género teatral, antes de reabrir en 1994 y renovar por completo su programación. Hoy se organiza en dos espacios: la Sala Cándido Lara, la principal, y la más recogida Sala Lola Membrives. Esa apuesta por una cartelera moderna y arriesgada lo ha mantenido como referencia del teatro madrileño contemporáneo. El escenario que dio origen a un fenómeno La historia reciente del Lara queda ligada para siempre a La Llamada, el musical creado por Javier Ambrossi y Javier Calvo, conocidos como Los Javis, que se estrenó en 2013 en sus instalaciones y se mantuvo en cartel durante años antes de dar el salto al cine. Aquel éxito convirtió al teatro de Malasaña en un punto de peregrinación para varias generaciones de espectadores y reforzó su papel como semillero de talento escénico en España.