El cantante sevillano Álvaro de Luna ha roto su silencio en una profunda entrevista con ‘El País’ donde confiesa el calvario personal que ha vivido este último año tras su mediática ruptura con Laura Escanes. El artista, que estrena este viernes 6 de marzo su nuevo single ‘Dime dónde estás’, reconoce haber sufrido un «mental breakdown» provocado por el estrés y por un entorno de personas que solo buscaban su beneficio, obligándole a frenar en seco su carrera para no romperse definitivamente en un momento en el que la industria le exigía un ritmo insoportable.
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La imagen de Álvaro de Luna (Sevilla, 32 años) recorriendo las calles de Madrid para una sesión de fotos desprende la ilusión de quien comienza de cero. Sin embargo, detrás de esa sonrisa se esconde un proceso de reconstrucción que le ha llevado a alejarse de los focos durante casi un año. Tras el éxito arrollador de ‘Juramento eterno de sal’, el músico se vio inmerso en una espiral de ansiedad que le hizo perder la ilusión por lo que más quería. «Estaba desanimado y desilusionado. Sentía que no me llenaba lo que estaba haciendo; me veía sobresaturado», confiesa en la calma de una cafetería madrileña, lejos del trasiego de turistas y de la presión de los charts.

Este parón, iniciado a principios de 2025, no fue una elección sencilla, sino una necesidad de supervivencia. El artista describe la industria musical actual como una sucesión de «misiones de un videojuego» donde, una vez cumplido un objetivo, se pasa al siguiente sin espacio para digerir el proceso. Esa inmediatez, sumada a la información constante de las redes sociales y el feedback instantáneo, terminó por pasarle factura. «Llega un momento en el que te sientes abrumado, en la obligación de no defraudar a los demás… hasta que tienes un mental breakdown«, admite con una honestidad poco común en el sector.
El peso de la fama y la limpieza del entorno
Uno de los puntos más críticos de su relato es la soledad que sintió a pesar de estar rodeado de gente. Álvaro de Luna es tajante al hablar de las personas que formaban su círculo íntimo durante su etapa de mayor exposición mediática, vinculada en gran parte a su relación con la influencer Laura Escanes, que terminó en octubre de 2023. El cantante lamenta haber estado «mal acompañado» por personas que no le ponían orden ni le ayudaban a mantener los pies en la tierra. «Cuando no tienes a nadie que te diga: ‘Tío, creo que esto así no’, realmente lo que tienes alrededor son palmeros», sentencia.
En esta nueva etapa, el sevillano ha hecho una limpieza profunda, apartando a quienes no sumaban de verdad. Esta catarsis le ha permitido reconciliarse con el hecho de hacer canciones sin la presión del negocio. Su nuevo proyecto, que define como lo mejor que ha hecho hasta la fecha, nace de un momento de cambios profundos donde ha aprendido a gestionar sus tiempos y su futuro con calma. «Voy a mi ritmo, no al que me digan los demás. No pretendo reventarlo ahora y que se olvide rápido; esto es una carrera de fondo», explica con la serenidad de quien ya no tiene prisa por demostrar nada.
Adiós al personaje: la fusión del ‘alter ego’
Para sobrevivir al escrutinio público, Álvaro confiesa que llegó a crear dos personalidades: el artista y la persona. Sin embargo, esa máscara terminó siendo una carga «tediosa» que solo le generaba más ansiedad. Ahora, ha conseguido que ambas facetas se fusionen. Ya no hay personajes que interpretar fuera del escenario. Se muestra vulnerable, convencido de que esa vulnerabilidad es precisamente su mayor fortaleza. «Que te muestres vulnerable no significa que seas débil, al contrario», afirma recordando que muchas veces «la depresión también lleva una sonrisa».
El 2026 se presenta para él como el «año del caballo», una metáfora de empoderamiento y de proyectar cosas buenas tras haber dejado atrás «la piel de serpiente» de un pasado convulso. El éxito, para el Álvaro de Luna de hoy, ya no se mide en millones de reproducciones o en titulares de prensa rosa, sino en la felicidad de su madre y en el orgullo de sus hermanos.

Con ‘Dime dónde estás’, el artista no solo lanza una canción, sino un mensaje de resistencia y autenticidad en una industria que, a veces, olvida que detrás de cada éxito hay una persona intentando no romperse.
