Simone Biles ha vuelto a pasar por un hospital. La gimnasta, siete veces medallista olímpica, publicó el jueves una historia de Instagram con una fotografía en la que aparece con bata quirúrgica y gorro, acompañada de su marido, el jugador de los Indianapolis Colts Jonathan Owens. El pie que le puso lo dice todo sobre el momento: «Es su cumpleaños y me lleva a hacerme el procedimiento». La imagen está fechada el 22 de julio, así que cuando la colgó ya había pasado por el quirófano. Y llega apenas seis semanas después de que contara que estuvo a punto de morir.
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Bata, gorro y el marido al lado en su cumpleaños

La publicación es el primer parte que Simone Biles da a sus seguidores en más de un mes, y no aclara casi nada. No ha revelado en qué consistió el procedimiento, ni por qué se lo han hecho, ni si guarda relación con lo que le ocurrió en junio. Lo único que se ve es a ella vestida de quirófano, con el pelo recogido bajo una redecilla, y a Jonathan Owens a su lado. Y lo único que se lee es esa frase de gratitud a un marido que pasó el día de su cumpleaños llevándola al hospital.
El detalle de la fecha tiene su miga. Ella misma contó que había regresado de la República Dominicana la noche antes del cumpleaños de él, así que el orden de los acontecimientos fue: vuelta de viaje, cumpleaños del marido y quirófano. No es la agenda de alguien que esté improvisando: es una cita que estaba puesta en el calendario y a la que fue en cuanto aterrizó.
«Casi morir no estaba en mi bingo»: lo de junio
Para medir lo que significa esta segunda visita hay que volver al 15 de junio, cuando la gimnasta rompió su silencio con una frase que dio la vuelta al mundo: «Casi morir no estaba en mi bingo esta semana». Ella misma explicó entonces que normalmente prefiere reservarse estas cosas, pero que se sintió obligada a contarlo. Y lo describió sin rodeos: fue «una de las experiencias más aterradoras de mi vida, si no la que más».

De aquella publicación quedó también una imagen que se analizó al detalle: en su muñeca se veían varias pulseras hospitalarias, incluida una roja, y lo que parecía un apósito cubriendo la vía. El significado de esas pulseras nunca se aclaró. Lo que sí explicó es que le mandaron reposo absoluto inmediatamente después del episodio. Y prometió una cosa que sigue pendiente: que explicaría lo ocurrido «tarde o temprano».
Un mes en silencio, los ESPY y un viaje que le costó críticas

Entre aquel 15 de junio y el jueves pasado, Simone Biles no ha dado ni un parte médico, pero tampoco se ha encerrado en casa. Ha hecho apariciones públicas —la más reciente en los ESPY Awards de Nueva York— y ha viajado al extranjero, con esa estancia en la República Dominicana de la que acababa de volver. Esa combinación de silencio médico y vida social visible es exactamente lo que ha alimentado la conversación en torno a ella durante estas semanas.
Conviene decirlo con claridad porque ella ya tuvo que responder a ello: hubo quien le afeó irse de vacaciones después de contar que había estado a punto de morir. Y su posición ha sido siempre la misma: comparte lo que quiere compartir y se guarda el resto. Nada de lo que ha hecho estas semanas es contradictorio con estar recuperándose; sencillamente, ha decidido que el diagnóstico no es asunto público mientras ella no quiera que lo sea.
Lo que no ha dicho, y por qué importa justo ahora
Sigue sin conocerse la causa del episodio de junio, el diagnóstico, el tratamiento y en qué consistió exactamente el procedimiento del 22 de julio. Tampoco se sabe si son dos capítulos de lo mismo o dos cosas distintas. Con dos ingresos en seis semanas y una promesa de explicación que no ha llegado, es razonable que la preocupación de su entorno y de sus seguidores no se haya disipado con una sola foto.
El momento, además, no es cualquiera. Simone Biles lleva dos años apartada de la gimnasia desde los Juegos de París, y su parte de salud llega justo cuando el deporte vive una oleada de regresos: su compañera Suni Lee, campeona olímpica del concurso completo, anunció su vuelta a mediados de julio y se suma a Jade Carey y Hezly Rivera en el camino de retorno, mientras Katelyn Ohashi ha competido de nuevo trece años después. A sus 29 años, muchos dan por hecho que ella no volverá. Pero la propia gimnasta dice que sigue sin decidirse sobre un cuarto ciclo olímpico consecutivo, y de momento lo único claro es que este verano lo está pasando en consultas, no en un gimnasio.
