María del Monte ha asegurado que no le afectaron los comentarios homófobos que provocó su famosa portada en la playa con Isabel Pantoja: «A mí me dio igual, lo dije en su momento. No estaba matando a nadie, no estaba agrediendo a nadie, estaba jugando en la playa». La cantante sevillana, de 64 años, formuló esa declaración durante la promoción de su primera incursión editorial, Si el corazón se equivoca, se le perdona.
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«Nunca estuve en ningún armario»
María del Monte se ha mostrado igual de categórica al hablar de sus parejas, uno de los capítulos más esperados del volumen, publicado por HarperCollins, y ha recalcado que «nunca» estuvo «en ningún armario». Preguntada por si esa rotundidad responde a que el colectivo LGTBIQ+ le haya reprochado no haber hablado antes de su sexualidad, contestó que no se ha visto «forzada a nada», porque considera que «esto va de dentro hacia afuera, o sea, que lo primero que te puede obligar es tu círculo íntimo y más estrecho». Hasta ese momento, según relata también en el libro, no había sido consciente de que muchas personas lo pasaban mal por su condición sexual: «En mi entorno no había necesidad. Yo no he escondido nunca a nadie, ni me he escondido de nadie».

A raíz de esa pregunta, la artista admitió que sí le ha indignado una interpretación concreta del paso que dio en 2022: «Sí me ha indignado un poco cuando alguien ha pensado que yo di el paso que di porque había fallecido mi madre. No hay nada ni más absurdo ni menos cierto. Mi madre ha vivido conmigo y con Inmaculada, ¿qué le voy a contar yo a mi madre?». La referencia apuntaba a su mujer, la periodista Inmaculada Casal, y a la convivencia cotidiana de ambas con su madre durante los años previos a aquel pregón.
El pregón del Orgullo de Sevilla, un impulso que no le cambió la vida

Sobre el día en que fue pregonera del Orgullo en Sevilla, María del Monte sostiene que se movió «por impulso», después de ver a dos chicos que se estaban besando y al padre de uno de ellos solidarizándose con su hijo: «Me rebelé: ‘No puede ser que tengan que pedir permiso para que su hijo pueda querer a quien quiera’». Tampoco quiere erigirse ahora en icono del colectivo dentro del mundo de la copla, y matiza el alcance de aquel discurso: «A mí el pregón no me ha cambiado la vida, pero sí he notado más libertad en ciertas personas cercanas que no sabían cómo clasificar ni dónde colocar a Inmaculada, pero yo no me he sentido privada de libertad nunca».
La cantante vincula la discreción sobre su intimidad con la protección de su familia, y advierte en el segundo párrafo del libro de que su contenido «no va de su vida», al menos de la vida que ha asomado en la prensa y los programas del corazón: «Eso no me interesa, la vida tiene más profundidad como para quedarse en esa capa de superficie». «A mí no me gusta vender penas. Mi vida me he ocupado en delimitarla por respeto a los que me rodean. Actualmente, en la prensa hay más respeto, hubo una época en la que todo el mundo era carne de cañón y la única manera de poder proteger a los míos era mantenerlos fuera de todo esto», sostiene la cantante, que reconoce que esa protección la ha llevado a ser «un poco más hermética».
Una época «negra», la muerte de dos hermanos y el asalto a su casa

La escritura del libro, admite, ha tenido algo de terapia: «He tenido que llevar al papel lo que pasaba por mi cabeza. Unas cosas muy agradables, otras no tanto, y las he sacado conmigo, he pasado muchas horas conmigo y verbalizar esas cosas ha sido una terapia que no me esperaba». Entre esas cosas figura lo que describe como «una época no oscura, sino negra», durante la que necesitó ayuda psicológica: «Nunca me planteé eso de ‘no quiero vivir’, pero vivía sin ganas». De aquella terapia extrae una advertencia: «Opté por pedir ayuda profesional, pero un psicólogo te puede dar herramientas, pero las tienes que usar tú». En el volumen repasa además la muerte de su padre, la de dos de sus cuatro hermanos durante la pandemia y, poco después, la de su madre, a quien ocultó el fallecimiento de sus hijos. «El sufrimiento cuando alguien se va es un mazazo, pero el peor sufrimiento viene después, por la ausencia, cuando hay cosas que quieres seguir haciendo y no puedes», explica.
El miedo ocupa también varias páginas, desde el pánico a la muerte que sufrió con diez años, y que le provocó una depresión, hasta el que sintió cuando, al día siguiente del asalto a su casa, tuvo que salir a cantar en Antequera. «Tengo miedo, sí. ¿Voy a quedarme con él toda la vida? No», escribe, y durante la promoción ha insistido en que «el miedo te quita libertad» y en que ella quiere «ser libre». Sobre el título del libro, su conclusión es que «quien diga que no se ha equivocado, miente, pero que no quepa duda de que, en mi caso, siempre ha sido por actuar de corazón».
Una promoción con El Hormiguero como escala
Las declaraciones llegan una semana después de que la cantante negara en El Hormiguero que esperase a perder a su madre para hablar de su vida sentimental, en una visita al programa de Pablo Motos en la que aseguró que su madre «era conocedora» de su vida entera. El proyecto lo había avanzado en septiembre, cuando anunció desde Asia su faceta de escritora con este primer título, que sigue promocionando mientras mantiene sus apariciones por las tardes junto a Sonsoles Ónega en Antena 3 y sus visitas a Canal Sur.
Con la tonadillera, de quien fue gran amiga antes de una ruptura total, el vínculo ha vuelto a los titulares este año por la vía de su hija: en la Semana Santa de abril, unas fotografías mostraron a Isa Pantoja junto a María del Monte, y en los platós se interpretó como el paso con el que Isa Pi buscó refugio en la cantante mientras su madre se reconciliaba con Kiko Rivera.
