Julia Janeiro se plantó este lunes ante las cámaras en Madrid y dejó de escurrir el pulso con Belén Esteban. Empezó diciendo que no habla «de esta señora» y acabó lanzando una invitación en voz alta a su hermana, la hija que Jesulín de Ubrique tiene con la colaboradora. «Pero por qué no habla ella?».
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«Conmigo no puede discutir»

La secuencia se ordenó sola delante de los micrófonos. A la pregunta por la colaboradora, Julia Janeiro se cerró en banda con un «no hablo de esta señora» que duró exactamente lo que tardó el siguiente periodista en recordarle que Belén Esteban no quiere discutir con ella, sino que quiere que hable su padre, porque discutir ya discutió bastante en su día con María José Campanario. Ahí sí entró, y entró entera. «Es que conmigo no puede discutir. Conmigo no puede. Pero a mí me encantaría contar la verdad, a mí me encantaría. Yo no tengo problema en contar lo mío lo que pasa, pero si yo no cuento es por proteger a una persona anónima».
Esa persona anónima es su hermana, la hija que la colaboradora tiene con el torero y que nunca ha querido vida pública. Ahí está el nudo de todo lo que dijo después: Julia Janeiro no se presentó como alguien que calla porque no tenga material, sino como alguien que calla por una tercera persona. Lo repitió con otras palabras un minuto más tarde, cuando le tocó hablar de quién tiene derecho a contar qué. «Yo puedo contar lo que me corresponde y hasta dónde me corresponde, porque si hay alguien que va a proteger a la parte en común, esa voy a ser yo. Y mi padre, por supuesto». Fue de las pocas frases que soltó sin sonrisa.
La autorización firmada y el «me parece un poco feo»
El giro llegó cuando le contaron lo que ella todavía no sabía: que su hermana habría firmado ante los abogados de su madre una autorización expresa para que Belén Esteban pueda hablar de ella y responder públicamente. Julia Janeiro ni disimuló la sorpresa ni la rebajó. «¿Pero qué pasa? ¿Que aquí firmamos papeles para lo que nos conviene? Si es verdad, que no lo sé. Me parece un poco feo, ¿no? Pero por qué no habla ella?». Y remató dejando el tablero abierto para todos: «yo no tengo ningún problema con que hable aquí todo el mundo, ¿me explico? O sea, que hablen».
Preguntada por si eso significa que hay una versión pendiente de salir, Julia Janeiro se refugió en una comparación doméstica. «Todo en esta vida… Hay una perspectiva y hay otra, y hay una historia, una versión, o como lo queráis llamar», dijo. «¿Tú cuando discutes con un amigo tuyo, tú no tienes tu versión y tu amigo tiene la suya? Pues en esto igual. En esto igual. La versión buena ya se sabrá si algún día se cuenta». El «si algún día» quedó flotando, igual que el «si es verdad, que no lo sé» con el que había recibido la noticia del documento firmado.
Por qué su padre no contesta, explicado por ella
El otro frente era el silencio del torero, al que la colaboradora ha pedido visiblemente enfadada que deje de esconderse. Su hija lo defendió sin rodeos: «cada uno tiene que tener sus propias decisiones, ¿no? Y él ha decidido eso y ya está. Él es libre, yo estoy completamente de acuerdo con él, si es lo que él quiere». Y dejó claro que el asunto ni siquiera se sienta a la mesa cuando se ven. «Yo con mi padre no hablo de estas cosas. Hablo de mis proyectos, de mi vida, de mis problemas… ¿Para qué voy a taladrarle yo a mi padre con cosas que no tienen mayor importancia? Mi padre tiene sus preocupaciones, tiene su vida, tiene su finca».
De lo suyo no se retractó ni un milímetro, incluido el «meme televisivo» con el que definió a la madre de su hermana cuando arrancó todo esto. «Yo desde el 14 de agosto durmiendo como Dios», soltó entre risas. «¿Tú te crees que yo tengo alguna preocupación? Ninguna, la verdad». Del ruido que rodea a las dos familias despachó con un «es que todo este show que se ha montado desde hace veintitantos años. Es que nosotros sabemos lo que hay, ¿me explico? O sea, es que no hay más». Después vino la petición que no esperaba nadie de las que allí estaban.
«Nadie puede contarlo mejor que yo»
Pidió que se mirase también hacia otro lado: la carta que publicó en sus redes contando que a los doce años, y después a los dieciocho, perdió las ganas de vivir. Para ella pesa más que cualquier titular de esta pelea. «Me parece mucho más importante que yo de aquí dos declaraciones hablando de X personas. Y creo que también hay que darle visibilidad a esa parte de mis declaraciones», dijo, antes de avisar de que lo publicado se queda corto: «no se sabe ni un 20% de lo que yo he pasado. No se sabe, ya se sabrá. Ojalá». Y puso su condición. «Nadie puede contarlo mejor que yo. Si hay alguien que tiene que contar mi historia esa voy a ser yo».
Quedaba su madre, que compartió este fin de semana un mensaje celebrando que por fin le hayan puesto a su hija la «corona de reina» que merece. «Me alegro de que opine así. Yo ya sabía que ella opinaba así porque como os he dicho muchas veces, ya había hablado con ella y está muy contenta», confirmó con una sonrisa enorme. Sobre si le gustaría que María José Campanario hablase también, no quiso empujarla: «creo que tiene mucho que decir, pero no sé qué es lo que ella decidirá. Si decide hablar, pues mira, pues que hable y si decide no hablar pues que no hable». Ni tiempo material hay, apuntó, con la odontóloga rodando en Asia el concurso ‘Hasta el fin del mundo‘ de TVE: «¿Tú te crees que estando mi madre por ahí, por la Conchinchina, yo el poco ratito que tengo para hablar con ella, lo voy a invertir en hablar de estos escuajos?».
El pulso viene de lejos y el recorrido está en el archivo: la hija del torero rompió su anonimato en la revista de cabecera de sus padres el pasado mes de mayo, y el salto televisivo que llegó después ya tuvo su reacción desde el otro lado de la familia, con un mensaje que se leyó como un dardo. Desde entonces las dos casas han ido midiéndose a distancia, sin sentarse nunca frente a frente.
