Bastó un instante para que las redes ardieran. Un beso inesperado entre Amaia Montero y Xabi San Martín en pleno concierto de La Oreja de Van Gogh se ha viralizado a toda velocidad, reavivando viejos rumores y llenando de comentarios los perfiles de los seguidores del grupo. El gesto, espontáneo y fugaz, se produjo sobre el escenario ante la mirada de miles de fans que no dudaron en inmortalizarlo con sus móviles, convirtiéndolo en la imagen más comentada de la reunión de la banda donostiarra.
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Un gesto espontáneo que incendió el escenario
La escena tuvo lugar durante la actuación del grupo en el festival Córdoba Live, en el marco de una de las canciones más celebradas de su repertorio. Al terminar el tema, tras un largo y cómplice abrazo, el teclista sorprendió a la cantante con un rápido beso en los labios, un gesto cargado de complicidad que provocó una ovación inmediata del público. La cercanía entre ambos, evidente durante toda la actuación, se tradujo en ese momento de euforia compartida que decenas de asistentes se apresuraron a grabar y difundir en cuestión de minutos.

El vídeo corrió como la pólvora y desató una auténtica lluvia de reacciones, entre la sorpresa, la ternura y la inevitable especulación. «Qué fuerte», repetían muchos usuarios al toparse con unas imágenes que, más allá de su lectura sentimental, funcionaron como la mejor confirmación posible de la excelente sintonía que reina hoy en el seno de la formación. En una etapa marcada por el reencuentro y el reconciliado buen rollo del grupo, el gesto se interpretó como un símbolo de la complicidad recuperada entre sus miembros.
Viejos rumores que vuelven a asomar
No es la primera vez que la relación entre la vocalista y el teclista alimenta las conjeturas. Años atrás ya circularon rumores sobre una posible complicidad especial entre ambos, especulaciones que han resurgido con fuerza al calor de estas imágenes. Conviene, no obstante, poner las cosas en su sitio: Xabi San Martín está felizmente casado y es padre de una hija, de modo que todo apunta a que el gesto no pasa de ser una muestra de cariño y camaradería entre dos compañeros que llevan media vida compartiendo escenario. Ninguno de los dos se ha pronunciado sobre el revuelo, dejando que las imágenes hablen por sí solas.
Lejos de cualquier lectura sentimental, lo que sí certifica el momento es la salud de hierro que atraviesa la banda tras su reencuentro. La química sobre las tablas, los abrazos y ese beso improvisado dibujan la estampa de un grupo que ha sabido dejar atrás sus tensiones para reencontrarse con la magia que un día lo convirtió en uno de los fenómenos más queridos del pop nacional. En ese contexto, el gesto se lee más como una celebración de la amistad recobrada que como el germen de ninguna historia de amor.
La Oreja de Van Gogh, para rato
Más allá de la anécdota viral, el episodio confirma que el regreso de Amaia Montero al proyecto ha devuelto a la formación una ilusión que se contagia a cada concierto. Los directos del grupo se han convertido en una fiesta multitudinaria en la que el público corea himnos que forman parte de la banda sonora de varias generaciones, y momentos como este no hacen sino reforzar esa sensación de reencuentro colectivo. Con la gira en plena efervescencia y la complicidad entre sus miembros a flor de piel, la banda donostiarra manda un mensaje inequívoco a sus seguidores: hay La Oreja de Van Gogh para rato, y las ganas de celebrarlo, a juzgar por lo visto sobre el escenario, están más vivas que nunca.
