El mundo del maquillaje de alta escuela en España esconde historias de resistencia que rara vez se filtran entre el polvo de arroz y los focos de los platós de televisión. El estilista de las grandes divas nacionales, Alberto Dugarte, está de celebración al cumplir ocho años al frente de su propia academia de formación, un proyecto empresarial consolidado que sirve de excusa para echar la vista atrás y desenterrar los pasajes más oscuros de sus inicios profesionales en Londres. Detrás del brillo que hoy rodea a sus clientas más mediáticas, como la tonadillera Isabel Pantoja o la polifacética Ana Obregón, existió una realidad marcada por la escasez absoluta y la supervivencia en las calles británicas.
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La trayectoria del director creativo no siempre estuvo ligada a los neceseres de lujo y los camerinos VIP de las principales cadenas de televisión. El canario ha querido recordar la crudeza de sus primeros pasos en la profesión gastronómica y estética fuera de nuestras fronteras, concretamente durante una etapa de supervivencia extrema en la capital del Reino Unido. «Me fui a Londres a vivir, no teníamos para comer, compartiendo colchón, cogiendo comida de la basura y dándome cuenta de que, en realidad, la fama no sirve para nada; lo que sirve es rodearte de gente bonita y hacer lo que realmente te hace feliz», evoca el estilista con crudeza, desnudando los sacrificios económicos y las renuncias personales que cimentaron su mentalidad actual antes de hacerse un hueco en la industria.
Aquella experiencia en suelo británico transformó por completo su escala de valores, alejándolo de los cantos de sirena de la popularidad efímera para centrarse en el oficio puro. La dureza de compartir un colchón y recurrir a los excedentes de los contenedores para poder alimentarse supuso una escuela de vida que el maquillador aplica ahora en su día a día empresarial, utilizando aquellos recuerdos como un cable a tierra que le impide perder la perspectiva en un sector tan volátil y superficial como el del entretenimiento y las alfombras rojas.
Las manos de confianza de la tonadillera y la actriz más buscada

Ocho años después de levantar la persiana de su centro de enseñanza, el nombre del estilista se ha convertido en un sinónimo de máxima seguridad para las figuras más complejas de la crónica social. En su cartera de clientas habituales destaca de forma poderosa la cantante Isabel Pantoja, con quien ha logrado consolidar un estrecho vínculo profesional y personal que va mucho más allá de la simple aplicación de cosméticos antes de salir al escenario. El creador ha sido el encargado de diseñar la imagen de la tonadillera en sus últimas y comentadas apariciones públicas, convirtiéndose en un miembro indispensable de su reducido círculo de confianza logística.

Otra de las grandes personalidades que confía ciegamente en su criterio estético es Ana Obregón. El profesional de la brocha ha sido el encargado de custodiar la imagen de la presentadora en sus sesiones fotográficas más exigentes, así como en los platós de televisión y eventos de gala donde la presión de los flases exige un control milimétrico de cada detalle visual. A este binomio de reinas del papel cuché se suma un desfile constante de rostros muy conocidos de la televisión nacional que declinan ponerse en otras manos cuando se trata de defender su presencia ante las cámaras o negociar una exclusiva en las revistas del sector.
Formando a las nuevas generaciones del color con alumnas VIP en las aulas
El éxito comercial del estilista no se limita a su labor directa en los camerinos de las estrellas, sino que se ha trasladado con fuerza a las aulas de su escuela de formación. En las mesas de su academia no solo se sientan jóvenes promesas anónimas del sector, sino también perfiles con un gran impacto en la prensa del corazón como Julia Janeiro. La hija del torero Jesulín de Ubrique eligió las instalaciones del canario para encauzar su futuro profesional en el universo de la estética, una faceta en la que su mentor no ha dudado en deshacerse en elogios públicos, definiéndola como una alumna excelente y muy coherente con cada una de las decisiones que toma tanto en su vida privada como en su proyección laboral.
El verdadero triunfo para el empresario canario no radica en el estatus de las celebridades que atiende en su camilla de maquillaje, sino en la capacidad de inocular en sus estudiantes los valores heredados de sus años de miseria en el barrio londinense. Su filosofía de enseñanza insiste en que, detrás de la tramoya de los focos, las sesiones fotográficas y la falsa seguridad que otorgan los seguidores en redes sociales, la única meta sostenible en el tiempo es mantenerse fiel a la identidad de uno mismo, esquivar las dinámicas tóxicas del medio y priorizar la estabilidad emocional por encima del reconocimiento público.
