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La revolución de la fluidez: ¿Por qué el fin de las etiquetas define a la nueva masculinidad de 2026?

Pedro Serrano González
5 min 239
La revolución de la fluidez: ¿Por qué el fin de las etiquetas define a la nueva masculinidad de 2026?

Hubo un tiempo en que la masculinidad se medía por la rigidez de sus fronteras. En 1994, Mark Simpson rompió el molde con el término «metrosexual», permitiendo que hombres como David Beckham abrazaran el autocuidado sin cuestionar su heterosexualidad. Pero en 2026, el tablero ha cambiado por completo. Ya no se trata de cremas o moda, sino de una libertad de ser que rechaza las definiciones. Las grandes estrellas han comprendido que la ambigüedad no es una confusión, sino un espacio de libertad y, por qué no, una poderosa conexión con una audiencia que ya no cree en los compartimentos estancos.

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El debate sobre si la ambigüedad sexual es la «nueva metrosexualidad» está más vivo que nunca. Mientras que hace dos décadas el hombre metrosexual insistía en su heterosexualidad para no perder su estatus, hoy el estado de la masculinidad permite —y celebra— que no haya razones para declarar un «no homo» constante. Dejar espacio para la interpretación se ha convertido en la tendencia dominante, una forma de habitar el mundo donde, como dice el lema de esta generación, «qué más da con quién me acuesto».

Estrellas que rompen el binarismo: De Harry Styles a los protagonistas de ‘Más que rivales’

El fenómeno es global y cuenta con rostros que mueven masas. Artistas como Harry Styles, Shawn Mendes, Nick Jonas o Charlie Puth han liderado este aperturismo, coqueteando con estéticas y actitudes tradicionalmente asociadas al mundo queer. Aunque para algunos críticos esto roza el queerbaiting —un acercamiento artificial para captar nuevos mercados—, para millones de fans representa una liberación de las expectativas tradicionales del «ídolo» masculino.

Esta tendencia es el motor de éxitos como ‘Más que rivales’, la serie de Movistar Plus+ que narra el romance prohibido entre dos jugadores de hockey. Sus protagonistas, Hudson Williams y Connor Storrie, han optado por el silencio absoluto sobre su orientación en la vida real. Su creador, Jacob Tierney, defiende esta postura en Variety, asegurando que no hay necesidad de invadir la intimidad de los actores para validar la historia que cuentan. Es un cambio radical: el misterio ya no es una losa, sino parte del encanto de una masculinidad que se niega a ser clasificada.

La postura de Pedro Pascal y Alexander Skarsgård: El derecho a la propia narrativa

En este ecosistema, nombres como Pedro Pascal se han erigido como referentes de la naturalidad. Pascal, defensor incansable del colectivo LGTBIQA+, prefiere hablar de sus «crushes» de infancia, mencionando indistintamente a Olivia Newton-John, Michelle Pfeiffer o Harrison Ford, sin sentir la necesidad de ponerle un nombre a su deseo. Para la socióloga Cecilia Bizzotto, esta actitud es un acto de protesta contra una sociedad que nos obliga a elegir bando: «Como personaje público, no posicionarte es una forma de decir: ¿qué más da?».

Por otro lado, Alexander Skarsgård personifica la sorpresa de una generación ante esta nueva mirada. Tras comentar en una entrevista que «con quién he estado, hombres o mujeres, no importa aquí», el actor se mostró asombrado por el revuelo causado. Aunque aclaró que no era una declaración de bisexualidad planificada, su negativa a utilizar la aclaración para reafirmar una heterosexualidad «normativa» demuestra que los códigos han cambiado. Skarsgård prefirió centrar el foco en la importancia de contar historias diversas en su película ‘Pillion’, restando importancia a su propia etiqueta.

Mercantilización y realidad social: El doble filo de la ambigüedad

Sin embargo, este avance tiene sus aristas. Carlos Barea, experto en Estudios LGTBIQ+, advierte que este cambio también responde a una evolución en el deseo de la mujer heterosexual, que ahora fantasea con hombres más fluidos o con «pluma». Esto ha abierto una puerta para que el hombre cishetero flexibilice su autoexigencia y, colateralmente, aumente su «valor de mercado» en redes sociales o plataformas como OnlyFans. «¿Para qué tener como público potencial a un género si puedes tenerlos a los dos?», reflexiona Barea sobre esta mercantilización del deseo virtual.

El peligro, según los expertos, es que esta libertad sea un privilegio exclusivo de las élites creativas. James Factora señala que, mientras en las alfombras rojas la ambigüedad es «cool», en entornos laborales convencionales o en climas políticos de extrema derecha, la situación sigue siendo desconcertante y, a menudo, hostil. Barea recuerda que antes ser homosexual obligaba a fingir heterosexualidad para triunfar; ahora, el triunfo parece exigir una dosis de ambigüedad que no siempre se traslada a la seguridad real de las personas anónimas.

En definitiva, la masculinidad de 2026 es, en palabras de Mark Simpson, «una fiesta para los ojos a la que todos están invitados». Una fiesta que busca dejar atrás los armarios para habitar un mundo donde la orientación sexual deje de ser un titular para convertirse, sencillamente, en una parte más de la libertad individual.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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