La cúpula de Mediaset España, comandada por Alessandro Salem, ha asestado el golpe definitivo a la línea de flotación de Atresmedia al confirmar el desarrollo de un nuevo concurso que tendrá como joya de la corona la mítica prueba de las letras. Aprovechando el histórico varapalo del Tribunal Supremo, que prohíbe de forma tajante a Antena 3 emitir la gran seña de identidad de Pasapalabra, el grupo de Fuencarral activa una maquinaria que llevaba oculta más de un año en los despachos de la alta dirección.
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La intrahistoria de esta jugada de despacho revela un secretismo absoluto y estratégico dentro del sector audiovisual español. Mientras en la pantalla de Antena 3 los concursantes seguían acumulando botes millonarios, Mediaset España ya había firmado hace año y medio un contrato de licitación en exclusiva con la productora holandesa MC&F, propietaria legítima de la propiedad intelectual de la famosa prueba. El acuerdo, custodiado bajo llave, dependía estrictamente de que el Tribunal Supremo ratificara la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, un escenario que ha terminado por cumplirse de forma fulminante y que condena a la cadena rival a desmantelar su formato estrella.
Con este movimiento de alta escuela, Telecinco dinamita el panorama vespertino de la televisión nacional. La hoja de ruta de la compañía no pasa por recuperar la marca Pasapalabra —cuyos derechos globales del programa base pertenecen a la británica ITV Studios—, sino por edificar un formato completamente inédito. Las primeras directrices internas apuntan a un concurso diario concebido expresamente como el envoltorio perfecto para blindar su tramo final, donde el público se reencontrará con la frenética rueda de preguntas que durante décadas ha funcionado como el motor de audiencias más implacable de la televisión en abierto.
El drama de Antena 3 frente al abismo del vacío de las veinte horas
El impacto de la noticia ha desatado las alarmas en San Sebastián de los Reyes, donde el efecto arrastre de la tarde resultaba vital para los intereses de la cadena de Atresmedia. El concurso no solo lideraba su franja con rentas inalcanzables para la competencia, sino que servía en bandeja el liderato diario a los informativos de Vicente Vallés y garantizaba el colchón de espectadores ideal para el ‘prime time‘ de El Hormiguero. Ahora, el equipo de producción se enfrenta al reto de inventar un sucedáneo o una nueva prueba contrarreloj que logre retener la atención de la audiencia sin incurrir en plagio judicial.
En los pasillos de Mediaset España, por el contrario, la sensación es de absoluto triunfo, a pesar de que el proyecto se encuentra en una fase muy embrionaria de diseño y preproducción. Tras años de sequía de formatos capaces de vertebrar las tardes y plantarle cara al indiscutible liderazgo de la competencia, la recuperación de este icono cultural supone la mayor oportunidad de la cadena privada para recuperar el terreno perdido. El trasvase de la prueba más cotizada del mercado audiovisual promete alterar de manera drástica los hábitos de consumo de los espectadores de cara al próximo curso televisivo.
