Le paran el paso en la calle, le ponen un micrófono delante y le preguntan, sin rodeos, si es ella el «topo» que, según Kiko Rivera, filtraba a la prensa los detalles de su salud y de su ingreso. Irene Rosales no se inmuta: «mi conciencia está súper tranquila y yo no me doy por aludida en absoluto». Es ‘De lunes a viernes‘, es hoy, y el programa vuelve sobre las insinuaciones que Kiko Rivera dejó caer en el comunicado con el que anunció su alta tras el segundo ictus.
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La pregunta que le hacen en la calle: ¿es ella el topo del comunicado?

El comunicado de Kiko Rivera tras el alta decía, con nombre propio ausente pero destinatario claro, que «la persona que supuestamente filtraba información a la prensa ya no forma parte» de su entorno. Nadie en el texto nombraba a Irene Rosales, pero medio país lo interpretó así, y hoy el equipo de ‘De Lunes a Viernes’ ha ido a preguntárselo directamente, en la calle, sin plató ni guion de por medio. Su respuesta ha sido la misma que ya dio hace días a Europa Press, palabra por palabra: «tengo la conciencia súper tranquila y no me doy por aludida en absoluto». Ni una palabra fuera de sitio, ni un gesto de más.

El dato que el propio comunicado de Kiko Rivera no puede esquivar es que, desde que Irene Rosales dejó de estar en su entorno, no ha habido ninguna filtración nueva sobre su salud. No es una acusación —nadie en esta redacción pone nombre y apellidos a algo que no puede probar—, es un indicio objetivo que convierte la pregunta de hoy en algo más que un cebo para el minuto de oro.
@pedrojotafernandz Irene Rosales VS Isabel Pantoja en ‘La Velada del año’ 💃🥊 #isabelpantoja #viral #parati ♬ sonido original – Rosi Fernández
El mismo encuentro en la calle sirve para recordarle otra frase suya: en La Velada del Año, preguntada si se subiría a un ring a boxear contra Isabel Pantoja, respondió de una forma que generó controversia. Ya pidió perdón entonces: «no, hombre, por supuestísimo que no. No entraría en ese juego ni nada, simplemente fue un humor que a lo mejor ha podido sentar mal. Desde aquí todas mis disculpas, pero fue sin querer hacer daño». Hoy, con el micrófono otra vez delante, no repite ni la broma ni la disculpa: «no voy a entrar en nada de eso». Es la Irene Rosales de siempre, la que decide en el momento qué preguntas merecen respuesta y cuáles se despachan con una frase corta.
Lo que sí ha querido dejar claro, en la misma respuesta a la prensa, es que su conflicto con Kiko Rivera no le impide desearle lo mejor en la salud: pese a las insinuaciones del comunicado, Irene Rosales ha insistido en que le desea una recuperación «muy rápida y completa» tras el segundo ictus. Tajante con la acusación del topo, conciliadora con la enfermedad y ya disculpada por la broma del ring. Esa es la Irene Rosales que hoy ha quedado grabada en la calle, y la que el programa elige no destacar tanto como la sospecha.
Rossi y la ortografía de Lola García: dos acusaciones sin una sola prueba

Mientras el plató insiste con Irene, Antonio Rossi aprovecha para adelantar la agenda de la familia: la próxima visita que se espera en casa de Kiko Rivera es la de Agustín Pantoja, y Isabel Pantoja se va a quedar varios días «ejerciendo de madre» junto a su hijo. Ahí termina la agenda verificable. Rossi va un paso más allá y desliza, sin una sola cifra ni un documento detrás, un supuesto conflicto económico entre Kiko Rivera y su madre. Y quien no siga al personaje debería saber que Rossi es el colaborador más beligerante con los Pantoja de todo el plató: al mismo programa que hoy exige a Irene Rosales dar la cara en la calle, a él no se le pide ni una prueba antes de emitir.
Por si el bloque necesitaba un tercer frente, el programa recupera hoy el vídeo de ayer destapando faltas de ortografía en los comunicados de Lola García y vuelve a sostener que es ella quien se encarga, con Inteligencia Artificial de por medio, de los textos de Kiko Rivera —la misma acusación de ayer, cuando el propio comunicado de Kiko Rivera obligó al DJ a autentificar su firma para que nadie dudara de su palabra—.
Antes de corregir comunicados ajenos, no estaría de más que cada colaborador se sometiera él mismo a una prueba de ortografía delante de cámaras. Y aunque fuera cierto que Lola García ayuda a redactar los comunicados de su pareja mientras él se recupera de dos ictus con 42 años, eso no sería delito ni falta: es cuidar de alguien, no una trama. De momento, lo único que ha hecho ella, siempre por escrito, es defenderse de los ataques que le llegan cada tarde desde un proyecto de programa al que ni siquiera le llega el término de basura.
Lo que deja la tarde: una familia entera puesta a dar explicaciones sin una sola prueba en contra
Puestas las piezas de hoy juntas —la calle a Irene Rosales por el topo del comunicado y la acusación sin pruebas contra Kiko y Lola García—, el patrón de esta tarde se repite: un formato que necesita sospechosos nuevos cada jornada porque el protagonista real, un hombre que acaba de recibir el alta tras su segundo ictus con 42 años, ya no da más de sí como personaje de escaleta.
Ni la pregunta a Irene Rosales en la calle, ni el conflicto económico que desliza Rossi, ni la tilde señalada a Lola García vienen acompañados de una sola prueba documental esta tarde. Lo que cambia cada jornada es solo a quién le toca salir a dar la cara: hoy le ha tocado a Irene Rosales, con el micrófono delante y sin haber roto, en toda la tarde, su conciencia «tranquila».
