Jesús Vázquez se encuentra en el epicentro de una metamorfosis vital y profesional sin precedentes. Tras más de dos décadas siendo el estandarte absoluto de Mediaset, el presentador gallego ha decidido romper las cadenas del pasado para abrazar una nueva etapa en RTVE como maestro de ceremonias del Benidorm Fest. En una de sus entrevistas más íntimas y descarnadas concedida a ‘El País’, Vázquez confiesa que cruzar el umbral de los 60 no ha sido un simple cambio de dígito, sino una crisis existencial que le llevó a considerar seriamente colgar el micrófono de forma definitiva.
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A escasas horas de arrancar motores en la televisión pública junto a Javi Ambrossi e Inés Hernand, el comunicador ha echado la vista atrás para analizar un proceso emocional que define como «especialmente complicado». «La crisis de los 40 no fue nada, un resfriado; en la de los 50 le empecé a ver las orejas al lobo; y la de los 60 ha sido especialmente difícil», admite con una sinceridad abrumadora. Este seísmo interno fue el detonante de su salida de la cadena de Fuencarral, un adiós que, aunque necesario para recuperar su salud mental tras años de obsesión por el trabajo, ha dejado un poso de melancolía por las formas en las que se produjo.
Una despedida fría y el peso del «niño maltratado»
La salida de la que fue su casa durante 20 años no tuvo el cierre cinematográfico que Jesús esperaba. El presentador reconoce que le habría gustado irse «con un abrazo», algo que las prioridades de la empresa privada no permitieron. Sin embargo, este cambio de rumbo ha servido para despertar ilusiones que llevaban años «aletargadas» bajo una rutina que le impedía disfrutar de su vida personal junto a su pareja, Roberto, quien fue clave para impulsarle a cambiar de aires cuando vio que ya no estaba cómodo.
Pero el éxito y la madurez envidiable que proyecta Jesús Vázquez tienen una base forjada en el dolor de una infancia marcada por el acoso. El gallego ha recordado el brutal bullying que sufrió por ser un niño tímido, con gafas y acento de su tierra: «Me llamaban vaca gallega, gordo de mierda… me esperaban a la salida para seguirme hasta la parada del bus y darme collejas». Unas heridas que, asegura, nunca terminan de cerrar del todo: «Ese niño sigue vivo en mí, ese niño al que trataron tan mal».
El Benidorm Fest: Un nuevo horizonte profesional
A pesar de haber sopesado la jubilación, la propuesta de la cadena pública ha devuelto la motivación a un Jesús Vázquez que ahora se enfoca en aceptar solo proyectos que le ilusionen. Su debut en el Benidorm Fest este próximo martes 10 de febrero supone no solo su regreso al prime time por la puerta grande, sino la confirmación de que ha superado ese bache emocional que le hizo dudar de su lugar en el mundo. «Si no hay proyectos que me ilusionen, viviré la vida», sentencia, dejando claro que a partir de ahora su felicidad no depende exclusivamente de que las cámaras estén encendidas.
