Rafael Amargo ha decidido romper años de discreción absoluta sobre su estado civil durante un evento en Granada. El bailaor, figura clave de la danza española, confirma que su vínculo con la actriz argentina Luciana Bongianino se formalizó legalmente hace más de un lustro, un secreto guardado bajo llave incluso para su entorno más cercano.
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Un secreto de siete años en el corazón de Granada
La presentación de la biografía de Pepe Habichuela en Granada, enmarcada en las celebraciones del Día Internacional del Pueblo Gitano, parecía el escenario menos probable para una exclusiva de calado sentimental. Sin embargo, Rafael Amargo, con esa naturalidad que le caracteriza para transitar entre lo sublime y lo mundano, decidió que era el momento de dejar de jugar al despiste.

Ante la pregunta recurrente de la prensa sobre cuándo pasaría por el altar con Luciana Bongianino, su compañera incansable, el granadino soltó el bombazo con una sonrisa de quien ha ganado una partida de ajedrez al sistema mediático: el «sí, quiero» no es un proyecto de futuro, sino una realidad consolidada desde hace tiempo.
La noticia, recogida inicialmente por el portal Informalia, desvela que el artista de 51 años lleva casado desde finales de la década pasada. «Nos casamos en el 2019, hace ya como cinco años, seis años», comenzó relatando con una mezcla de orgullo y picardía. La fecha elegida no fue fruto del azar, sino un homenaje directo a sus raíces y a la estabilidad que siempre ha buscado en el seno de su familia: «Sí, 19 de diciembre del 2019», precisó Amargo, subrayando que la ceremonia coincidió exactamente con el aniversario de bodas de sus padres.
La intimidad como escudo ante la tormenta
Para Rafael Amargo, la discreción no ha sido solo una elección estética, sino una necesidad vital en unos años marcados por una exposición pública a menudo dolorosa. Mientras los titulares se llenaban con sus procesos judiciales y sus baches de salud, él mantenía este reducto de paz en la más estricta intimidad. La confesión del bailaor pone de relieve su capacidad para proteger lo que de verdad le importa: «Porque sus padres están en Argentina y mis padres la quieren muchísimo, evidentemente. Y bueno, eso también fue una medio casualidad», reflexionaba sobre la elección de la fecha y el apoyo familiar que ha recibido la pareja.
El relato de la ceremonia describe un evento despojado de artificios, lejos de las exclusivas millonarias o las fiestas multitudinarias a las que el mundo del espectáculo nos tiene acostumbrados. Fue un acto de fe y de unión reducido a la mínima expresión humana. «Mi madre y la mejor sobrina de mi madre, una prima mía maravillosa, que es la que me ha ayudado también. Ella y yo, ya», confesó el artista al describir quiénes formaron el reducidísimo círculo de confianza que fue testigo del enlace. Esta decisión de blindar el momento fue tan firme que incluso hubo detalles que se mantuvieron ocultos hasta el último segundo para los propios protagonistas.
Luciana Bongianino: el apoyo incondicional en la sombra
Luciana Bongianino, asistente de producción y actriz argentina, ha sido mucho más que una esposa para Amargo; ha sido su bastión en los momentos donde el artista se vio «contra las cuerdas» —metafóricamente hablando— debido a sus problemas con la justicia. Cabe recordar que el granadino abandonó la cárcel de Soto del Real en 2024 tras el archivo de una causa de tráfico de drogas, un periodo donde Bongianino no se separó de su lado. Esta lealtad se forjó en la cotidianidad de un matrimonio que nadie sospechaba.
Amargo insistió en la importancia de haber mantenido el secreto, casi como un juego de prestidigitación frente a la opinión pública. «¿Te das cuenta de cómo cuando uno no quiere que se enteren de algo…?», preguntaba retóricamente a los periodistas. La complicidad entre el bailaor y su prima, quien jugó un papel fundamental en el enlace, fue la clave del éxito de este silencio prolongado. «Era una cosa que no queríamos… Sí, era muy íntima, tan íntima que había cosas que ni ella supo», añadía el coreógrafo, dejando entrever que la planificación tuvo tintes casi novelescos.
Una jueza de paz en la familia
Uno de los detalles más curiosos y entrañables de este matrimonio secreto es la figura que ofició la unión. No fue un desconocido en un juzgado frío, sino alguien con quien comparten lazos de sangre, lo que añade una capa extra de blindaje emocional al evento. «La jueza de paz era una prima mía. Quiero decir, pero que era jueza de verdad», aclaró Amargo para evitar cualquier confusión sobre la validez legal del matrimonio. Esta cercanía familiar permitió que el trámite no trascendiera a los registros públicos de forma mediática, permitiendo a la pareja vivir su relación sin la presión de las etiquetas externas.
Este matrimonio con Luciana representa el tercer enlace para el bailaor. Tras sus uniones pasadas con Yolanda Jiménez, madre de sus hijos, y con Silvia Calvet, Amargo parece haber encontrado en Bongianino una estabilidad diferente, forjada en la madurez y en la resistencia compartida ante las adversidades. Es, en esencia, la culminación de un proceso de redención personal que el artista ha ido narrando a cuentagotas desde que recuperó su libertad y su salud.
