El productor musical Kiko Rivera ha protagonizado una de sus apariciones públicas más broncas y crispadas que se recuerdan en los últimos meses, evidenciando el estado de nerviosismo absoluto en el que se encuentra inmerso. Tras salir a la luz en Telecinco que sus hermanos, Fran Rivera y Cayetano Rivera, están profundamente molestos con él por haberse llevado en secreto de Cantora varios trofeos taurinos de Paquirri, el DJ ha roto su discurso habitual de que «todo va bien» para mostrar su peor cara ante las cámaras de las agencias de comunicación.
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Tensión absoluta a las puertas de un centro escolar
La escena, captada por las cámaras de Europa Press, se ha producido este mismo jueves en una localidad sevillana, en un escenario especialmente delicado: a las puertas del colegio donde el hijo de Isabel Pantoja acudía a recoger a su hija menor, Carlota. Lejos de la actitud relajada, las risas y la ironía que venía exhibiendo en sus redes sociales en los últimos días a pesar del escándalo por su «asalto» a la finca familiar, Rivera se ha mostrado completamente desbordado por la presión mediática.
Al percatarse de la presencia de los reporteros que le esperaban para preguntarle por el monumental enfado de sus hermanos de sangre, el antiguo concursante de realities ha reaccionado de forma airada e irascible. El DJ, visiblemente malhumorado y con el rostro serio, se ha encarado con los profesionales de los medios de comunicación realizando todo tipo de aspavientos y ademanes de fastidio, dejando claro que no piensa tolerar que se le cuestione por el supuesto ocultamiento de las cabezas de toro y los enseres de su padre en su nuevo chalet de Sevilla.
Lola García se atrinchera en el vehículo familiar
Durante el tenso encontronazo, Kiko Rivera no se encontraba solo. En el coche le acompañaba de forma inseparable su actual pareja, la bailaora Lola García, junto al nuevo miembro de la familia: un pequeño cachorro de Pomerania bautizado como «León», a quien la pareja había presentado oficialmente en sus perfiles digitales apenas veinticuatro horas antes.
Sin embargo, ante el estallido de genio y la agresividad verbal del hijo de la tonadillera, la joven ha optado por mantener una estrategia radicalmente opuesta para esquivar el foco. Mientras el DJ realizaba gestos de desprecio a los Periodistas a pie de calle, la bailaora ha preferido parapetarse y quedarse resguardada en el interior del habitáculo del vehículo con el perrito en brazos, evitando hacer cualquier tipo de declaración que pudiera avivar aún más el fuego de la polémica familiar.
Un cambio de actitud radical tras destaparse el cisma familiar
Esta airada reacción de hostilidad hacia los micrófonos confirma que la última hora de la herencia de Paquirri ha tocado una fibra especialmente sensible en el músico, rompiendo el blindaje mediático del que presumía. El programa que presenta Joaquín Prat en Mediaset había destapado solo unas horas antes que el DJ mantiene guardados de forma unilateral los recuerdos sentimentales del torero en su residencia de soltero tras su separación de Irene Rosales, sin haber respondido a las llamadas de sus hermanos para repartir de forma justa el legado taurino.
Los exabruptos y la pérdida de papeles de Kiko Rivera en la vía pública no hacen más que ratificar que el clan Pantoja-Rivera se encamina de forma irremediable hacia un nuevo litigio mediático y civil de consecuencias totalmente imprevisibles.
