Dolly Parton ha vuelto a hablar del amor a los 80 años y lo ha hecho entrando por la puerta de atrás de su propia obra. La leyenda del country ha publicado en su página de Substack una nueva entrega de Songteller: My Life in Lyrics, la serie con la que está desmenuzando su libro de 2020 apoyándose en entrevistas y anécdotas que no habían circulado nunca, y el turno le ha llegado a Love Is Like a Butterfly, la canción en la que comparó el enamoramiento con el roce de una mariposa. «Tan suave y delicado como un suspiro, sobre todo cuando estás recién enamorado», escribe la cantautora, viuda de Carl Dean.
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El amor «tan suave y delicado como un suspiro» que firmó estando ya casada

«Me encanta la canción Love Is Like a Butterfly», arranca Dolly Parton en el texto colgado el pasado 5 de agosto. «La escribí yo, y es muy poética. Es muy descriptiva, muy inocente y muy florida, pero toca ese tema. El amor es como una mariposa, ¿sabes?, tan suave y delicado como un suspiro, sobre todo cuando estás recién enamorado». La canción es de 1974 y la escribió cuando ya llevaba diez años al lado de Carl Dean y ocho casada con él. La entrada forma parte del repaso que la cantante lleva meses haciendo a su propio catálogo, canción por canción, con material de archivo que no había salido nunca del cajón y que ahora reparte entre sus suscriptores en lugar de reservarlo para un escenario o una gira. Es el canal por el que la artista habla de lo suyo sin intermediarios y sin preguntas incómodas de por medio.

El rastro de la metáfora se remonta mucho más atrás que cualquier grabación. «Me encantan las mariposas desde que era pequeña», relata Dolly Parton. «Solía perderme en el bosque persiguiéndolas porque no les tenía miedo». La niña que se internaba entre los árboles de Tennessee detrás de un insecto de colores explica el porqué de aquella fascinación sin adornarla: aquellos insectos «eran dóciles, coloridas y sabía que no me iban a morder ni a picar. Había tantas especies diferentes donde crecimos, así que encontraba una y la seguía todo el tiempo que podía». Esa costumbre infantil de perseguir mariposas por el monte terminó convertida en la imagen que ella misma eligió para hablar del sentimiento más difícil de describir de todo su repertorio, y en la marca gráfica que hoy la identifica en medio mundo.
Del bosque de la infancia a la «W» de Dollywood

La canción cruzó fronteras muy pronto y encontró en el continente europeo un segundo hogar. «Cuando escribí Love Is Like a Butterfly, se convirtió en un gran éxito en Francia», cuenta Parton. «Tras su éxito, una famosa cantante francesa la grabó como Le Papillon. La cantó con tanta dulzura que me encantó su versión». El insecto acabó desbordando el ámbito de la música hasta colarse en el negocio: «Con el tiempo, la mariposa se convirtió en mi símbolo. Cuando creamos Dollywood, la W de wood se convirtió en una mariposa», escribe la artista, que añade que el emblema pasó a ser «algo que la gente asociaba conmigo de forma natural». El logotipo de su parque temático de Tennessee sigue llevando esas alas incrustadas en el nombre, y el bicho se ha colado también en los vestidos, en las portadas y en la iconografía con la que el público la reconoce a primera vista.

Los números que acompañaron a la canción explican por qué se quedó tan pegada a su figura. Fue el corte que dio título a su decimocuarto álbum de estudio, un disco que alcanzó el top 10 de la lista de álbumes de country y llegó al número uno de la extinta clasificación Cashbox Country. El tema coronó además la lista Hot Country Songs, la que elabora Billboard —el cuarto número uno de Dolly Parton hasta esa fecha—, y se coló entre los cinco primeros puestos del Bubbling Under, el purgatorio de las canciones que se quedan a las puertas del Hot 100. La cantante ya era una estrella consolidada del country estadounidense con Jolene, Coat of Many Colors e I Will Always Love You en el zurrón, y aún tardaría tres años en dar el salto definitivo al mercado generalista con Here You Come Again, su primer disco certificado platino en Estados Unidos y su primera entrada en el top 20 de la lista principal Billboard 200.
Carl Dean, el hombre que jamás quiso salir en la foto

El destinatario de aquel amor llevaba casi seis décadas al lado de Dolly Parton cuando murió. Carl Dean falleció el 3 de marzo de 2025 a los 82 años, y con él se apagó una de las historias conyugales más largas y más discretas del espectáculo estadounidense: se conocieron en 1964 a la puerta de una lavandería de Nashville, la Wishy Washy Laundromat, cuando ella acababa de aterrizar en la ciudad, y se casaron dos años más tarde, el Memorial Day de 1966. Él nunca acompañó a su mujer a una alfombra roja, no concedió entrevistas y se mantuvo deliberadamente fuera del encuadre durante los sesenta años que duró el matrimonio, mientras ella se convertía en una de las artistas más reconocibles del planeta.
Cuatro días después del fallecimiento, la cantante publicó If You Hadn’t Been There, una canción escrita para él, y la acompañó de una declaración que no ha vuelto a ampliar en público. «Me enamoré de Carl Dean cuando tenía 18 años. Hemos pasado 60 años preciosos y llenos de sentido juntos. Como todas las grandes historias de amor, nunca terminan. Viven en el recuerdo y en la canción. Él será siempre la estrella de la historia de mi vida, y le dedico esta canción». La viudedad no ha alterado el tono con el que Parton se dirige a los suyos: sigue dosificando apariciones, sigue bromeando cuando la salud aprieta y sigue publicando cada semana su relectura de las letras que escribió cuando aquel hombre todavía la esperaba en casa.
Ochenta años, una residencia cancelada y un musical camino de Broadway
El regreso de la mariposa llega en un momento delicado para su salud. El pasado mes de mayo canceló definitivamente la residencia en Las Vegas que había anunciado como su primera en 32 años: seis funciones de Dolly: Live in Las Vegas en el Colosseum del Caesars Palace, previstas para diciembre, trasladadas después a septiembre y finalmente retiradas del calendario. «La buena noticia es que estoy respondiendo muy bien a los medicamentos y los tratamientos, y mejoro cada día», explicó Dolly Parton en un vídeo publicado en su cuenta de Instagram. «La mala noticia es que voy a tardar un poco en estar a la altura de una actuación en directo, porque algunos de los medicamentos y tratamientos me dejan un poco mareada, como decía mi abuela». Y remató con su humor de siempre: «Y por supuesto, no puedo andar mareada cargando banjos, guitarras y demás sobre unos tacones de doce centímetros, y ya sabéis que los voy a llevar puestos».
La artista detalló que siempre ha tenido «problemas con los cálculos renales» y que su sistema inmunitario y su sistema digestivo «se descontrolaron en los últimos dos o tres años», aunque sus médicos le han asegurado que «todo lo que tengo tiene tratamiento». Nada de eso ha frenado sus planes: Parton sigue trabajando en el museo y el hotel que abrirá en Nashville y en el musical Dolly: A True Original Musical, que llega a Nueva York antes de que acabe el año. No sale de gira desde 2016, cuando cerró la Pure & Simple Tour, y ya tuvo que salir a desmentir en persona los rumores sobre su estado con un vídeo de dos minutos. «Hay un montón de rumores dando vueltas. Pero pensé que si lo oíais de mí, sabríais que estoy bien. No estoy lista para morir todavía. No creo que Dios haya terminado conmigo. Y no he terminado de trabajar».
