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Corazón

Cayetano Rivera desnuda su duelo 22 años después con una carta abierta a Carmina Ordóñez: «Siempre contigo, aún sin ti»

Pedro Serrano González
8 min 140
Carmina Ordóñez con su hijo Cayetano Rivera en brazos cuando el torero era un bebé

Hay aniversarios que se cumplen en el calendario y otros que se cumplen en la garganta. Cayetano Rivera ha elegido el segundo camino para recordar a su madre, Carmen Ordóñez, veintidós años después de aquella mañana que paralizó a España. El menor de los hijos que la Divina tuvo con Paquirri ha publicado una carta abierta que arranca con dos palabras desnudas —«Madre, gracias»— y una fotografía en la que aparece en brazos de ella siendo un bebé, y que se cierra con una despedida que resume mejor que ningún titular el estado de ánimo de la familia: «Siempre contigo, aún sin ti…». No hay reproche, no hay ajuste de cuentas, no hay una sola línea dedicada a la larga guerra pública que rodeó a su madre. Solo hay gratitud, y esa elección también es un mensaje.

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El texto que ha compartido el diestro es breve pero está construido con una precisión que delata cuántas veces lo ha pensado. Cayetano Rivera empieza por lo que más le importa subrayar, que es la presencia: «Gracias porque siempre estabas. Incondicionalmente. Sin pedir nada a cambio», escribe, y recuerda de manera expresa que estuvo a su lado en los momentos más difíciles. Después pasa a la herencia inmaterial, que es donde la carta se vuelve más significativa: «Me enseñaste valores con tu ejemplo. Me inculcaste principios». Y a continuación llega el párrafo que ha circulado por todas las redacciones esta mañana, el que reconoce el precio que su madre pagó por sostener a los suyos: «Te esforzaste. Te sacrificaste. Libraste tus batallas en silencio, cuando nadie miraba, cuando nadie veía. Y, aun así, nunca dejaste de ser tú. Ahí estaba tu verdadera fuerza. Ahí estaba tu luz».

Carmina Ordóñez, 'la Divina', en un primer plano de archivo de la crónica social española

Quien conozca la biografía de Carmen Ordóñez entenderá que esa frase sobre las batallas libradas en silencio no es una fórmula retórica de duelo, sino la manera más elegante que ha encontrado su hijo de nombrar lo que todo el país sabe sin necesidad de escribirlo. El cierre confirma esa lectura: «Hoy solo puedo darte las gracias y decirte que te quiero. Porque cuanto más vivo, más comprendo todo lo que hiciste por nosotros». Es la frase de un hombre que relee desde la madurez a la mujer que perdió siendo mucho más joven, y que revisa ahora el juicio que quizá hizo entonces. La carta termina ampliando el foco a todos los padres que se entregan sin cálculo —«El amor marca la diferencia»— antes de esa despedida que ya circula por miles de teléfonos: «Siempre contigo, aún sin ti…».

La mañana del 23 de julio de 2004: cuando España se paró

Carmina Ordóñez, fallecida el 23 de julio de 2004 a los 49 años, en un retrato de archivo

Conviene recordar la escena para medir el peso de la fecha, porque el país entero la vivió casi en directo. Eran pasadas las doce del mediodía del 23 de julio de 2004 cuando una amiga encontró el cuerpo sin vida de Carmen Ordóñez en la bañera de su casa, en el número 9 de la calle Esteban Palacios, en el barrio madrileño de Hortaleza. Nada se pudo hacer. Tenía 49 años. Ella misma había repetido durante años, medio en broma medio en profecía, que no llegaría a los cincuenta, y el vaticinio se cumplió con una exactitud que todavía estremece a quienes la trataron. Con ella se apagaba la heredera de dos de las dinastías taurinas más poderosas del país, los Ordóñez y los Dominguín, y una de las mujeres más fotografiadas de la España de las tres últimas décadas del siglo XX.

El dolor de aquel día no se ha diluido con el tiempo, y lo que más llama la atención al leer la carta de Cayetano Rivera es precisamente eso: que veintidós años después el tono no sea el de quien ya ha cerrado el capítulo, sino el de quien sigue descubriendo cosas de su madre. «Cuanto más vivo, más comprendo» es exactamente lo contrario de una frase de superación. Es la constatación de que el duelo, en según qué casos, no se resuelve: se reinterpreta. Y en una familia sometida durante décadas al escrutinio público, donde cada aniversario se convierte en material televisivo y cada silencio se lee como declaración, que el hijo menor decida hablar solo para dar las gracias tiene un valor propio.

La sombra que la carta nombra sin nombrar

Porque la otra mitad de esta historia la lleva contando desde hace años el hermano mayor. Fran Rivera ha sido el que ha puesto palabras a lo que Cayetano resume como «batallas en silencio»: la adicción que acompañó a su madre durante dos décadas. Según relata Lecturas, todo empezó por pena en 1982, cuando murió la madre de Carmen Ordóñez y ella comenzó a consumir benzodiacepinas para dormir; aquello derivó, con recaídas e ingresos en centros de rehabilitación y clínicas de salud mental, en el proceso que marcó el final de su vida. En unas declaraciones que recoge la propia revista, el mayor de los hermanos fue explícito: «Mi madre murió por culpa de la cocaína. La droga es un problema que tiene consecuencias terribles y mucho más si se une, como en su caso, al consumo de somníferos. Fue una combinación letal». Y explicó por qué durante veinte años no lo había contado: «No fue necesario divulgar el resultado de la autopsia. ¿Para qué?».

Fran Rivera posa junto a su madre, Carmina Ordóñez, en una instantánea familiar de archivo

De aquella experiencia salió el juramento que Fran Rivera ha contado en De Viernes y que explica cómo se educa a la generación siguiente cuando la anterior se ha roto: «Yo le dije a mi hija que hiciera lo que quisiera, pero que las drogas nunca, que la droga es lo peor que le puede pasar a una familia y que destrozó a su abuela». Tana Rivera tenía apenas cuatro años cuando murió su abuela. El torero ha añadido que él nunca probó nada precisamente por eso —«Yo no he probado la droga en mi vida, y eso es gracias a mi madre»— y ha defendido que hablar de ello sirve para ayudar a otros: «La droga es una enfermedad tremenda. En la casa que entra, la puede destrozar». La paradoja más dolorosa la apunta el propio relato familiar: Carmen Ordóñez era la primera que insistía a sus hijos en que jamás se acercaran a aquello. «Era muy pesada diciéndonos que nunca las probásemos», recuerdan. No pudo aplicarse el consejo que repetía.

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El homenaje de este año llega, además, en un momento particular para los Rivera. Hace apenas mes y medio se cerró uno de los frentes que más había desgastado a la familia: Fran y Cayetano Rivera renunciaron definitivamente a reclamar las pertenencias de Paquirri tras el traslado de enseres de Cantora, y días después Kiko Rivera frenó la guerra anunciando que entregaría las cabezas de toros de su padre a sus hermanos. Después de años de pleitos, de platós y de comunicados cruzados, el capítulo material del legado paterno quedó administrativamente resuelto. El materno, el que hoy invoca esta carta, no admite reparto ni acuerdo: no hay nada que devolver.

Y ahí está lo que hace distinta esta pieza de las decenas de recordatorios que se publican cada 23 de julio. Cayetano Rivera, que este año ha vuelto a ocupar portadas por su relación con Tamara Gorro, podría haber dejado pasar la fecha en silencio, como ha hecho en otras ocasiones, o haberla convertido en un ajuste de cuentas con quienes explotaron el naufragio de su madre. Ha elegido lo contrario: agradecer, subrayar el sacrificio y firmar con una frase que no pide nada. «Siempre contigo, aún sin ti…». Veintidós años después, la Divina sigue siendo el personaje más difícil de contar de la crónica social española: la mujer que lo tuvo todo, que lo perdió delante de todos y a la que sus hijos, cada uno a su manera, siguen defendiendo.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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