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Corazón

Carmen Machi posa por primera vez con su novio Vicente en Toledo tras más de veinte años de discreción

Pedro Serrano González
5 min 258
Carmen Machi posa ante los fotógrafos en los actos de entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes

La veterana actriz Carmen Machi ha roto de manera fulminante con uno de los blindajes más férreos y respetados de todo el panorama artístico español. Con motivo de la entrega de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la inolvidable protagonista de Aída ha protagonizado la gran sorpresa de la crónica social al aparecer por primera vez de forma oficial junto a su esquivo novio, Vicente, en los actos institucionales celebrados en Toledo. La pareja, que comparte su vida en el céntrico barrio madrileño de Malasaña, ha dinamitado voluntariamente un pacto implícito de discreción que se había prolongado durante más de veinte años, acaparando todas las miradas de las autoridades políticas y culturales presentes en la cita.

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La insólita estampa de la pareja se produjo a las puertas de la recepción oficial y posterior cena institucional organizada en el Cigarral del Ángel, un enclave emblemático de la capital castellanomanchega que sirvió como antesala al acto de entrega oficial presidido por los reyes Felipe y Letizia en el Teatro de Rojas. Allí, rodeados de personalidades de la industria audiovisual como la escritora Elvira Lindo, la intérprete madrileña charló de manera distendida con el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, el presidente autonómico Emiliano García-Page y el alcalde toledano, Carlos Velázquez. Lo que en cualquier otra estrella de la televisión estatal hubiese sido una instantánea rutinaria de agenda, en el caso de la ganadora del Goya supuso un auténtico terremoto informativo debido a su alergia patológica a mezclar la faceta profesional con la esfera íntima.

Hasta la fecha, las apariciones conjuntas de la actriz y el músico se contaban con los dedos de una mano y siempre vinculadas a hitos profesionales ineludibles. El único precedente de gran impacto se remontaba a la gala de los Premios Goya de 2015, cuando Vicente rompió a llorar en el patio de butacas al escuchar el nombre de su compañera como ganadora por su papel en la taquillera Ocho apellidos vascos. Aquella noche, rotas las barreras del protocolo, se fundieron en un emotivo beso y ella le dedicó el galardón desde el escenario con un espontáneo «por ser más bonito que ná». Fuera de esas contadas excepciones, el músico jamás ha pisado una alfombra roja, un estreno cinematográfico o una presentación teatral, consolidando un modelo de convivencia basado en la total independencia pública.

Alergia al matrimonio y la ácida reflexión sobre la maternidad

El secretismo en torno a su noviazgo responde a una filosofía vital que la propia protagonista de éxitos recientes como La Mesías o Furia ha defendido con uñas y dientes en las escasas entrevistas donde ha consentido rozar el terreno personal. A sus sesenta y tres años, la actriz ha verbalizado sin rodeos su rechazo absoluto a los convencionalismos sociales que exigen pasar por el altar o formar una familia tradicional para alcanzar la realización plena. «Casarme me da miedo, lo mismo que tener un hijo», confesaba con absoluta naturalidad durante la promoción de una de sus comedias, dejando claro que su estabilidad sentimental no requería de ninguna firma legal ni contratos civiles de por medio.

Esa postura firme se extiende a la presión sistemática que el sector del entretenimiento ejerce sobre las mujeres que deciden no ser madres. La intérprete ha calificado de «bastante marciano» el juicio público latente hacia la soltería o la ausencia de descendencia en las actrices de su generación. Lejos de asumir el rol de víctima frente a las preguntas impertinentes del sector, la madrileña le daba la vuelta al calcetín analítico formulando una cuestión de calado sociológico: «¿No me siento incompleta por no tener hijos y soy muy feliz, pero habría que reflexionar sobre esto. ¿Es la mujer la que piensa que otra mujer es incompleta por no tener hijos o te lo preguntan aquellas que están frustradas precisamente por haberlos tenido?».

Las divertidas manías de un «ser extraordinario» en Malasaña

Carmen Machi y su novio Vicente posan juntos en Toledo en su primera aparición pública como pareja

Pese a la solemnidad de las distinciones institucionales otorgadas por los operadores culturales del Estado, la cotidianidad de la pareja destaca por una sencillez aplastante. La actriz, que define a Vicente como un hombre «maravilloso y extraordinario», no ha dudado en airear en espacios de máxima audiencia de Antena 3 como El Hormiguero las pequeñas e hilarantes batallas domésticas que marcan su día a día en el centro de Madrid, como el reparto del mando a distancia a la hora de consumir ficciones en las plataformas de ‘streaming’.

«Yo tengo que reconocer que a mí, mi pareja me espera, pero yo a él no. Si me quedo dormida él no avanza en la serie, si se queda él yo sí avanzo», relataba entre risas, humanizando un romance que la prensa convencional se ha empeñado en calificar de enigmático durante décadas. Con el reconocimiento a toda su trayectoria profesional colgado del cuello y su vida privada perfectamente armada a espaldas del ruido de los platós de televisión, la actriz demuestra que el verdadero éxito en el ecosistema audiovisual actual consiste en saber cuándo encender los focos del directo y cuándo replegarse a la protección del hogar.

Pedro Serrano González
Escrito por Pedro Serrano González

Pedro Serrano González es un comunicador y productor con una trayectoria ligada a los grandes nombres de la radio, la televisión y los nuevos formatos digitales. Al frente de Vibras en Corte, impulsa un proyecto que convierte la actualidad televisiva y el entretenimiento en clips virales con personalidad propia.

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