El reencuentro en los juzgados de Kiko Matamoros y Makoke ha terminado en un sonado aplazamiento que ha encendido la mecha de una nueva guerra mediática. Tras la suspensión de la vista por el «exceso descomunal» de folios presentados por la defensa de su exmujer apenas 24 horas antes de la cita, el colaborador ha roto su silencio en su canal de YouTube, ‘Los Kikos TV‘, para denunciar lo que considera una burda maniobra de distracción. Lejos de amedrentarse ante la petición de cárcel, Matamoros ha lanzado un órdago directo a la madre de su hija, asegurando que su táctica responde únicamente al pánico de enfrentarse a la realidad jurídica.
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«Apechugar» con el delito: Matamoros acepta la posibilidad de prisión

En una de sus declaraciones más crudas hasta la fecha, el colaborador de 69 años se ha mostrado implacable respecto a las consecuencias de sus actos pasados. «Cuando se hacen mal las cosas, hay que decir ‘lo he hecho mal’ y ‘me he equivocado’. Si hay que ir a la cárcel, se va», ha sentenciado con una firmeza que ha sorprendido a sus seguidores. Esta actitud contrasta radicalmente con la que él percibe en su exmujer, a quien acusa de estar «desesperada» y de intentar desfigurar el testimonio de la Abogacía del Estado en la sala para evitar el desenlace del proceso.
Kiko ha querido aclarar que el juicio no es por una simple deuda, sino por un presunto delito de alzamiento de bienes y ocultación. Según su versión, la Fiscalía sostiene que él pagó íntegramente la vivienda de La Finca durante al menos siete años —abonando 510.000 euros de su bolsillo—, pero que la titularidad se puso a nombre de Makoke para evitar los embargos del fisco. «Es poner la casa a nombre de un testaferro. Así de claro lo digo», ha confesado, asumiendo su parte de culpa para señalar la responsabilidad de su exmujer.
La guerra por el patrimonio: el dardo final sobre las casas

El origen de este cisma judicial, según Matamoros, radica en la negativa de Makoke a desprenderse de su patrimonio para saldar las deudas comunes con la Agencia Tributaria. Kiko sostiene que existía un acuerdo para que ella se hiciera responsable del 50% de las obligaciones, pero que ese compromiso nunca se cumplió. El colaborador ha señalado directamente a otra propiedad, un dúplex en Majadahonda que podría valer más de un millón de euros, como la pieza que ella se niega a vender para solucionar el conflicto legal.
«Siempre he dicho que esta situación se ha producido porque Makoke no ha querido vender una de las dos casas», ha explicado Matamoros, subrayando que ese «ánimo de lucrarse» es lo que ha provocado la intervención judicial. Con el juicio ahora fijado para el próximo 17 de abril, Kiko no oculta un sentimiento de revancha: «Aunque me tenga que ir a la cárcel, celebro que esta vez lo puedas perder posiblemente».

La tensión es tal que, según su compañero Kiko Hernández, que la colaboradora vive sumida en un «miedo atroz» al ver cómo se agotan sus opciones para retrasar la sentencia.
