Isabel Allende, que ganó anoche en Barcelona la 75.ª edición del Premio Planeta con ‘La hora antes del alba’, ha explicado que la novela es el cierre del universo de ‘La casa de los espíritus’, contado a través de Alba, la nieta de Clara, y que el seudónimo con el que la presentó al concurso, Luz Ventura, es «un guiño a esas mujeres luminosas».
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Alba retoma la historia justo donde terminó ‘La casa de los espíritus’

Isabel Allende afirmó al recoger el galardón de manos de los Reyes que «esta novela cierra el universo de ‘La casa de los espíritus’», el libro que publicó en 1982 y cuya trama retoma ahora justo después de su final. Durante su discurso recordó que la pregunta por el destino de la protagonista la persiguió desde entonces: «Desde que se publicó en 1982 he recibido innumerables lectores queriendo saber qué pasó con Alba, me ha rondado por décadas». La obra concursó con un título ficticio, ‘Los que faltan’, y firmada como Luz Ventura, un nombre que guarda relación con ella misma y con Alba, la protagonista de su novela más célebre.
Allende avanzó asimismo que Alba sufre torturas y violaciones en la nueva historia, que transcurre durante la dictadura chilena, aunque precisó que la novela también habla de sus ganas de salvar a los demás y de ser cronista de su tiempo convulso. La autora presentó el libro como la continuación directa del de 1982: «Esta novela es la continuación de aquella, el cierre de ese universo». Antes de este cierre, la autora ya había conectado con aquella saga familiar otras novelas como ‘Hija de la fortuna’, ‘Retrato en sepia’ y ‘Mi nombre es Emilia del Valle’.
El temor de 1973 y la «mala memoria» de quienes idealizan a los caudillos

La escritora vinculó la escritura de la novela con el momento político actual. «Cuando veo tantas democracias amenazadas por el autoritarismo extremo e incluso el fascismo, vuelvo a sentir el temor que me obligó a salir del país después del golpe en 1973», señaló en la gala. Ante la prensa, tildó de «convulso» el momento que se vive en todo el mundo, con «cierta» vuelta a los totalitarismos, y lamentó la «mala memoria» de quienes hoy «tienden a idealizar a los caudillos». Sobre su situación personal, dijo: «Yo ahora vivo en EE.UU. y veo como la gente aplaude a un personaje como Trump (…) Sin embargo, mi situación no es tan grave porque si tuviera que irme en algún momento, como me fui entonces, ya no tengo niños pequeños que poner en riesgo y además tengo muchos más recursos».

A sus 84 años, Allende apuntó que ha vivido lo suficiente para saber que «todo cambia», que los tiempos «son cíclicos» y que «las dictaduras vienen y van». Preguntada por lo que pensaría Salvador Allende si pudiera ver el contexto actual, contestó que «seguramente estaría contento de saber que no todo lo que sembró se perdió». Defendió por su parte que «la literatura cumple un papel muy importante», porque, en sus palabras, «nos recuerda el pasado», «nos une» y «nos da espacio y tiempo para analizar la situación».
«Un desafío tan peligroso como casarme a los 80 años»

Al escuchar su nombre y ver al público en pie, la ganadora agradeció el recibimiento: «No esperaba esto y menos ver a todo el mundo de pie. Qué emoción tan grande». También contó por qué nunca había concursado: «Nunca me había presentado a un concurso para evitar la humillación de estar a la cola. Corrí el riesgo porque era un desafío tan peligroso como casarme a los 80 años», bromeó. Ante los periodistas atribuyó la decisión al «prestigio» de un premio que equiparó con «el Nobel» y definió como «el más importante galardón de la lengua española», y añadió que «a estas alturas» ya no tiene «nada que perder», después de que la animaran su agente y su marido, al que llamó su «tercer y último».
Allende, que hasta ahora publicaba con Penguin Random House, se impuso en una edición que batió el récord de participación con 1.424 novelas presentadas y que reparte un millón de euros a la ganadora. El jurado lo formaron Carmen Posadas, Luz Gabás, Pere Gimferrer, Eva Giner, Paloma Sánchez-Garnica, Javier Sierra y Belén López, directora de la editorial. La ceremonia, presidida por Felipe VI y Letizia, reunió a 1.300 invitados en la Fira de Barcelona, y Allende toma el relevo de Juan del Val, que ganó la edición de 2025 con ‘Vera, una historia de amor’.
Sergio Hernández, finalista con ‘La añoranza’
El escritor, guionista y filólogo Sergio Hernández se llevó los 200.000 euros del finalista con ‘La añoranza’, la historia de una mujer que en la Barcelona de 1959 se enamora de un traductor francés que desaparece de su vida y que resultará estar relacionado con las brigadas sociales franquistas y con un supuesto plan para matar a Antonio Machado. Hijo de librero, aseguró que sabe de primera mano lo que significa el premio y que escribir el libro le ha transformado: «Cuando uno empieza a escribir jamás imagina lo que es estar aquí». Entre sus mentores citó, entre aplausos, a Almudena Grandes, «por su forma de tratar la memoria», a Javier Cercas, a Carmen Laforet y a Carlos Ruiz Zafón.
En la apertura de la gala, José Creuheras, presidente del Grupo Planeta, recordó que el galardón nació con el doble propósito de dar la máxima difusión al libro y de ayudar a los escritores a vivir de su oficio, y que en sus 75 años ha vendido 47 millones de ejemplares, con un promedio de más de 625.000 por edición. Creuheras añadió en su discurso inaugural que el premio lleva «75 años hablando de lo mismo, de autores y escritores, con el libro en el centro de la conversación».
En junio, la escritora ya había advertido en su entrevista con Henar Álvarez en ‘Al cielo con ella’, grabada en su casa de San Francisco para La 1, de que «la democracia es mucho más frágil de lo que creemos». Aquel encuentro, con motivo del lanzamiento de su anterior libro, ‘La palabra mágica’, recorrió el feminismo, el exilio y la política internacional, y en él defendió que «la rabia es el combustible de la revolución».
